¿Cuáles son las monedas complementarias?

Uno de los primeros asuntos que un país nuevo tiene que resolver es disponer de una moneda estandarizada. Pero este no fue el caso de los Estados Unidos. Durante gran parte de los primeros años de la República, los bancos locales emitieron su propia moneda. En aquel momento había miles de billetes, literalmente, circulando por todo el país. Los viajeros que se desplazaban a otros estados tenían que parar continuamente para cambiar dinero y los comerciantes se veían obligados a suscribirse a las publicaciones mensuales, bastante gruesas, que actualizaban las descripciones de las monedas, las de sus bancos emisores y su valor. Únicamente de este modo era que los empresarios podían decidir si querían aceptar la moneda ofrecida como pago de bienes o servicios.

No fue hasta la década de 1860, durante la guerra civil, que el gobierno federal estableció un sistema de bancos nacionales y emitió una moneda nacional conocida como el dólar. Incluso entonces, el dólar se estableció sólo como un modo de financiar la guerra; se esperaba que el dólar fuera dejado de lado al cesar las hostilidades. Pero la moneda única respaldada por el gobierno resultó ser bastante popular entre la gente y el dólar se convirtió en el único estándar de cambio en los Estados Unidos.

Aún así, la moneda localizada no desapareció con la llegada del dólar estadounidense sino que todavía está entre nosotros y es lo que hoy llamamos 'moneda complementaria'. Este sistema de intercambio opera a la sombra de la moneda nacional, para promover el desarrollo económico y fortalecer los vínculos locales entre grupos sociales. Aunque las monedas complementarias no son de curso legal como el dólar, se aceptan fácilmente como medio de canje entre los miembros de una misma comunidad.

Uno de los mejores ejemplos de moneda complementaria son los grupos locales de trueque, donde sus miembros desarrollan tareas de tipo comercial, trabajo a cambio de otros servicios. Puede darse el caso en que por ejemplo, dos horas de trabajo duro no equiparen a seis horas vigilando una biblioteca. Por ello son los propios clubes de trueque quiénes a menudo asignan un valor a las tareas y emiten dólares de cambio para su finalización. Estos dólares pueden canjearse libremente entre los miembros del club a cambio de otros servicios, a pesar de que no tienen ningún valor fuera del club.

En Estados Unidos, la moneda local más antigua de este tipo la encontramos en Ithaca (estado de Nueva York), la Ithaca Hours, originada en 1991. Sus creadores han fijado el valor de una hora de trabajo a 10.00 dólares y las horas se pagan en moneda de papel. La moneda no solo se puede utilizar para canjearla por bienes y servicios con empresas y particulares participantes, sino que también puede utilizarse como base para préstamos comerciales sin intereses.

Las millas de vuelo del viajero frecuente también son otra moneda complementaria. En este caso, las diferentes recompensas pueden funcionar como moneda cuando se utilizan para cubrir los gastos relacionados con viajes, como los vuelos, el hotel y el alquiler de coche. Dependiendo del programa pueden incluso emplearse como si se tratara de una moneda. Pero al igual que las reglas sobre el uso de las monedas complementarias, estas también son dictadas por el organismo emisor.

Precisamente, este suele ser el problema con las monedas complementarias. A diferencia de los dólares, respaldados por un gobierno nacional con poca probabilidad de desaparecer, los dólares en una moneda complementaria pueden perder todo su valor si la organización emisora quiebra o deja de funcionar. Por lo tanto, las monedas complementarias cumplen funciones muy útiles en sus comunidades pero son terrenos pantanosos para las oportunidades de inversión.

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