La guerra comercial aumenta los riesgos económicos sistémicos y China es más vulnerable que EE.UU.

Este artículo ha sido escrito por Dennis Shen, analista de Scope

La escalada de la disputa comercial entre Estados Unidos y China tendrá un impacto desproporcionadamente severo en la economía china, aunque plantea riesgos para la economía mundial. El enfrentamiento se está produciendo en un momento de desaceleración de la economía china y de tensión financiera.

Las medidas de protección comercial introducidas por los gobiernos en Washington y Beijing están frenando la actividad económica mundial. Los nuevos aranceles se aplican a los bienes que constituyen una parte creciente del comercio mundial. Estados Unidos (AA/Estable) y China (A+/Negativo) representaron el 24% y el 16% de la economía mundial en 2018, además del 19% y el 27% del crecimiento mundial el año pasado, por lo que una mayor escalada en la guerra comercial chino-estadounidense tiene implicaciones sistémicas para la economía mundial y los mercados financieros. De hecho, esperamos una ralentización del crecimiento mundial este año hasta el 3,0-3,5%, desde el 3,6% de 2018.

Las empresas y los consumidores estadounidenses pagan, en última instancia, una parte del precio por el aumento de los aranceles sobre los productos chinos, razón por la cual las implicaciones del endurecimiento de las disputas comerciales, por lo que las consecuencias para la economía estadounidense no pueden considerarse insignificantes. Esperamos que el crecimiento de EE.UU. se desacelere al entorno del 2% en 2019.

Sin embargo, desde un punto de vista económico, China es la parte débil en las negociaciones comerciales. EE.UU. puede imponer aranceles adicionales a más exportaciones chinas, que China a las importaciones estadounidenses, en vista de un superávit récord de 419 millones de dólares chinos con EE.UU. en 2018, además de las vulnerabilidades económicas comparativas de China, dada la actual desaceleración económica y la transición económica estructural.

Por el contrario, desde un punto de vista político, los costes y beneficios no están claros y dependen del calendario en cuestión. La administración estadounidense tiene más en juego a corto plazo, con vistas a las elecciones presidenciales de 2020. No obstante, también con vistas a estas elecciones, el presidente Donald Trump está dispuesto a tensionar los conflictos comerciales, dado que juegan bien con su base política.

La administración estadounidense anunció un aumento de los aranceles del 10% a un 25% sobre un volumen considerable de importaciones chinas por valor de 200.000 millones de dólares, después de que se establecieran aranceles del 10% sobre las mismas mercancías el pasado mes de septiembre. El martes, la administración de EE.UU. detalló planes para aranceles de hasta un 25% sobre los aproximadamente 300.000 millones de dólares restantes de las exportaciones de bienes chinos a los Estados Unidos. Por su parte, China ha tomado represalias, con unos aranceles del 5%-25% sobre unos 60.000 millones de dólares de las importaciones procedentes de los EE.UU., que entrarán en vigor el 1 de junio.

Se espera que el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping se reúnan en la cumbre del G-20 en Japón los días 28 y 29 de junio para intentar alcanzar un compromiso.

De hecho, vemos a China como el número uno en el ranking de países más expuestos a los conflictos comerciales centrados en Estados Unidos, seguido de Irlanda y México.

Mientras que China tiene palancas alternativas en el desacuerdo comercial, como la devaluación del renminbi en la llamada "guerra de divisas", se ve restringida en el uso de tales instrumentos debido a las presiones de depreciación existentes sobre el yuan (-2,6% desde mediados de abril; actualmente 6,9 por dólar), y los riesgos asociados a la estabilidad del sector externo y financiero. Las herramientas para amortiguar el golpe para los exportadores -como las rebajas de impuestos- se enfrentan a limitaciones eventuales debido a un amplio déficit fiscal – previsto en el 6,1% del PIB en 2019 por el FMI, desde el 4,8% en 2018 y sólo el 0,9% a partir de 2014-. Además, el efecto multiplicador que China tiene como mayor acreedor extranjero de EE.UU. (los Estados Unidos le deben a China 1,1 billones de dólares desde febrero de 2019) es menos una herramienta de negociación de lo que se podría presuponer. Mientras que la venta de los bonos del Tesoro de EE.UU. podría hacer que los tipos de interés de los préstamos estadounidenses subieran, la caída de los precios de la deuda estadounidense reduciría el valor de los restantes bonos americanos que China posee.

Como tal, a ambas partes les interesa llegar a un acuerdo, aunque sea temporal. Sin embargo, la forma y el momento en que se alcance pueden depender de la magnitud de la debilidad de los mercados y la economía estadounidenses en respuesta a las incertidumbres comerciales, así como de la opinión pública, dada la atención que Trump presta a los mercados y a la economía antes de las elecciones presidenciales del próximo año.

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