El mercado ya no duda de la IA, duda del retorno de la inversión
Wall Street cerró la semana pasada en negativo, con el S&P 500 cayendo un 1.6%, el Nasdaq un 2.9% y el Dow Jones un 0.9%. Sin embargo, el verdadero cambio no está en los índices, sino en la narrativa que empieza a construirse bajo la superficie.
El foco ha estado en los semiconductores. Marvell, Western Digital, Seagate o Super Micro Computer sufrieron fuertes caídas, reflejando un mercado que empieza a preguntarse no si la IA cambiará el mundo, sino cuándo generará suficiente rentabilidad para justificar las enormes inversiones realizadas.
La próxima temporada de resultados será clave. Alphabet, Microsoft, Amazon y Meta deberán convencer a los inversores de que el actual ciclo de inversión en centros de datos e infraestructura de IA sigue teniendo sentido. Si moderan el capex, el mercado podría interpretarlo como una falta de confianza en el retorno esperado. Si lo mantienen o lo aumentan, volverán las dudas sobre la rentabilidad de esas inversiones. Además, la irrupción de nuevos competidores chinos como Moonshot demuestra que la presión competitiva sigue creciendo.
Paradójicamente, el entorno macroeconómico ha sido favorable. La inflación estadounidense volvió a sorprender a la baja, los precios de producción retrocedieron en junio y las expectativas de inflación a un año ya cotizan por debajo del objetivo del 2% de la Reserva Federal por primera vez desde 2024. En otro contexto, estos datos habrían impulsado claramente a la renta variable.
A ello se suma un factor cada vez más estructural: la competencia por los recursos estratégicos. Energía, semiconductores, materias primas críticas y rutas comerciales están adquiriendo un peso creciente en la geopolítica. El fuerte repunte del petróleo durante la semana, junto con las tensiones en Oriente Medio y las declaraciones de Donald Trump sobre el estrecho de Ormuz, recuerdan que la seguridad del suministro vuelve a ser un factor económico de primer orden.
De hecho, cada vez hay más evidencias de que el mundo entra en una etapa marcada por una mayor escasez de recursos. Históricamente, estos episodios suelen traducirse en menor crecimiento y mayores presiones inflacionistas, un entorno mucho menos favorable que el de la globalización de las últimas décadas.
La próxima semana será decisiva. Más que los beneficios del segundo trimestre, el mercado buscará una respuesta a una única pregunta: ¿siguen las grandes tecnológicas dispuestas a mantener el actual ritmo de inversión en inteligencia artificial? Las cuentas de Alphabet, Tesla, IBM, Intel o ServiceNow ofrecerán las primeras pistas.
La tendencia de largo plazo no ha cambiado, pero sí está cambiando la conversación. Y en los mercados, muchas veces, las grandes tendencias comienzan precisamente cuando cambian las preguntas que se hacen los inversores.
La próxima temporada de resultados no va de beneficios. Va de confianza.
Para ilustrar esta tendencia, os dejamos un resumen y en el adjunto, el informe completo, con los enlaces a toda la información disponible en eToro sobre índices como SPX500 o el Ibex-35 y valores como Bitcoin.
El mercado ya no duda de la IA. Duda del retorno de la inversión
Wall Street cerró la semana pasada en negativo, con el SP500 cayendo un 1,6%, el Nasdaq un 2,9% y el Dow Jones un 0,9%. Sin embargo, el verdadero cambio no está en los índices, sino en la narrativa que empieza a construirse bajo la superficie.
El foco ha estado en los semiconductores. Marvell, Western Digital, Seagate o Super Micro Computer sufrieron fuertes caídas, reflejando un mercado que empieza a preguntarse no si la IA cambiará el mundo, sino cuándo generará suficiente rentabilidad para justificar las enormes inversiones realizadas.
La próxima temporada de resultados será clave. Alphabet, Microsoft, Amazon y Meta deberán convencer a los inversores de que el actual ciclo de inversión en centros de datos e infraestructura de IA sigue teniendo sentido. Si moderan el capex, el mercado podría interpretarlo como una falta de confianza en el retorno esperado. Si lo mantienen o lo aumentan, volverán las dudas sobre la rentabilidad de esas inversiones. Además, la irrupción de nuevos competidores chinos como Moonshot demuestra que la presión competitiva sigue creciendo.
Paradójicamente, el entorno macroeconómico ha sido favorable. La inflación estadounidense volvió a sorprender a la baja, los precios de producción retrocedieron en junio y las expectativas de inflación a un año ya cotizan por debajo del objetivo del 2% de la Reserva Federal por primera vez desde 2024. En otro contexto, estos datos habrían impulsado claramente a la renta variable.
A ello se suma un factor cada vez más estructural: la competencia por los recursos estratégicos. Energía, semiconductores, materias primas críticas y rutas comerciales están adquiriendo un peso creciente en la geopolítica. El fuerte repunte del petróleo durante la semana, junto con las tensiones en Oriente Medio y las declaraciones de Donald Trump sobre el estrecho de Ormuz, recuerdan que la seguridad del suministro vuelve a ser un factor económico de primer orden.
De hecho, cada vez hay más evidencias de que el mundo entra en una etapa marcada por una mayor escasez de recursos. Históricamente, estos episodios suelen traducirse en menor crecimiento y mayores presiones inflacionistas, un entorno mucho menos favorable que el de la globalización de las últimas décadas.
La próxima semana será decisiva. Más que los beneficios del segundo trimestre, el mercado buscará una respuesta a una única pregunta: ¿siguen las grandes tecnológicas dispuestas a mantener el actual ritmo de inversión en inteligencia artificial? Las cuentas de Alphabet, Tesla, IBM, Intel o ServiceNow ofrecerán las primeras pistas.
La tendencia de largo plazo no ha cambiado, pero sí está cambiando la conversación. Y en los mercados, muchas veces, las grandes tendencias comienzan precisamente cuando cambian las preguntas que se hacen los inversores.
Niveles técnicos clave
No son recomendaciones de inversión. Solo comentarios desde un punto de vista técnico informativo.
1.- S&P 500
El S&P 500 continúa mostrando una fortaleza técnica muy difícil de cuestionar. Tras la corrección registrada entre febrero y abril, el índice no solo recuperó todo el terreno perdido, sino que lo hizo con un impulso excepcional, llevando al mercado de nuevo a máximos históricos.
Desde entonces, la dinámica ha cambiado. Ya no estamos viendo una subida vertical, sino una fase de consolidación muy saludable. Durante las últimas semanas el índice se ha movido en un rango relativamente estrecho entre los 7.400 y los 7.600 puntos, alternando avances y retrocesos sin que ninguno de los dos bandos consiga imponer una dirección clara.
Este tipo de comportamiento suele ser habitual después de un movimiento alcista tan intenso: el mercado necesita tiempo para digerir las ganancias.
Lo más positivo es que, pese a las dudas macroeconómicas, la temporada de resultados y la incertidumbre geopolítica, los compradores siguen apareciendo en cada corrección. No se observan ventas de pánico ni una pérdida relevante de soportes, lo que mantiene intacta la estructura alcista de fondo.
Desde un punto de vista técnico, la zona de los 7.400-7.450 puntos se ha convertido en el primer soporte importante. Mientras el índice permanezca por encima de ese nivel, el escenario principal sigue siendo favorable para los alcistas. Por arriba, la resistencia continúa situándose en los máximos recientes, alrededor de los 7.600 puntos. Una ruptura consistente de esa zona abriría la puerta a una nueva extensión del movimiento alcista.
2.- El Bitcoin (BTC)
Las señales de suelo aumentan. La recuperación, de momento, no.
El Bitcoin continúa moviéndose en torno a los 64.000 dólares, prácticamente sin salir del rango que domina desde mediados de junio. A primera vista, el mercado parece haber encontrado cierta estabilidad con una inflación estadounidense que sorprendió a la baja, los ETFs del Bitcoin han vuelto a registrar leves entradas netas positivas tras ocho semanas de salidas, y el sentimiento inversor comienza a estabilizarse. Sin embargo, la verdadera historia no está en el precio, sino en lo que ocurre bajo la superficie.
Varios indicadores on-chain empiezan a situarse en niveles que históricamente han coincidido con fases de formación de suelo. La ratio de beneficios y pérdidas realizadas ha caído a su nivel más bajo en 43 meses, una situación comparable a la vivida tras el colapso de FTX a finales de 2022. Al mismo tiempo, el MVRV se sitúa en 1,19, dentro del percentil 20 de toda la historia de bitcoin, una zona que tradicionalmente ha estado más asociada a procesos de acumulación que a mercados sobrevalorados.
Pero existe una diferencia importante respecto a otros ciclos: la demanda todavía no ha regresado. Utilizando datos de CryptoQuant, la demanda spot continúa siendo negativa desde diciembre de 2025. Es cierto que ha mejorado de forma significativa, pasando de aproximadamente -273.000 BTC a cerca de -100.000 BTC en apenas unas semanas, pero sigue sin confirmar el cambio de régimen que normalmente acompaña el inicio de un nuevo mercado alcista.
A esa contradicción se suma otro dato relevante. Los holders de largo plazo (LTH) están realizando pérdidas cercanas a unos 280 millones de dólares diarios, el mayor nivel de capitulación desde finales de 2022. Históricamente, estos episodios suelen aparecer cerca de los mínimos del ciclo, aunque por sí solos nunca han sido suficientes para confirmar una recuperación.
Mientras tanto, el mercado sigue condicionado por un entorno macro exigente. La moderación de la inflación ha reducido la presión sobre la Reserva Federal y ha favorecido el regreso de los flujos hacia los ETFs, que ya acumulan más de 51.000 millones de dólares en entradas netas desde su lanzamiento. Sin embargo, los tipos de largo plazo permanecen elevados y comienzan a surgir nuevos focos de riesgo, como la escasez de dólares en Asia o la creciente correlación entre la reciente corrección del sector de semiconductores y los activos digitales.
El sentimiento también refleja esa incertidumbre con lecturas que, pese a que recuperan cierto momentum en las últimas semanas, no pasa de los 28 puntos en plena zona de miedo.
Quizá la mayor incógnita del mercado sea la divergencia entre narrativas. Mientras buena parte del análisis institucional interpreta que bitcoin podría estar construyendo un suelo, otra parte relevante de analistas sigue proyectando caídas hacia la zona de los 38.000-45.000 dólares. Cuando dos lecturas tan diferentes conviven al mismo tiempo, probablemente la mejor estrategia no sea elegir una de ellas, sino observar qué datos terminan imponiéndose.
Así las cosas, los datos siguen apuntando a un mercado en transición. Las señales de deterioro comienzan a moderarse, pero todavía no se han alineado los indicadores que históricamente han acompañado el inicio de una tendencia alcista más consistente. Mientras bitcoin no recupere de forma sostenida niveles técnicos como los 69.900 y 73.300 dólares, conviene interpretar el escenario como de estabilización, no de confirmación.
Esperar una certeza absoluta suele implicar llegar tarde al mercado, pero anticiparse sin que los datos lo respalden también aumenta el riesgo.
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Equipo eToro
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