Qué esperamos de las reuniones de la Fed y el BCE

  • La Fed afronta un entorno favorable, tanto desde la perspectiva del crecimiento como de la inflación, para anunciar una nueva subida de tipos de 25 p.b y otro paso más en el ajuste de su balance.
  • Las previsiones de tipos de la Fed serán el gran punto de interés para los mercados, pudiendo dibujarse alzas algo mayores en 2018.
  • El BCE acordará finalizar las compras netas de activos a lo largo del último trimestre de 2018 de forma progresiva.
  • Las previsiones del BCE revelarán un ajuste a la baja del crecimiento esperado para este año en la zona euro, al tiempo que el crudo y el euro llevarán a revisar al alza las relativas a la inflación.

Las reuniones de política monetaria a uno y otro lado del Atlántico son el eje protagonista de esta semana. Mañana conoceremos la decisión de la Reserva Federal de EEUU y, pasado, la del Banco Central Europeo. En el primer caso, se descuenta una nueva subida de tipos y la aceleración del ajuste del balance, mientras que, en el segundo, las posibilidades se encuentran más abiertas, pero creemos que se acordará la finalización de las compras netas de activos (el conocido como QE) de forma progresiva a lo largo del último trimestre de 2018.

Reunión de la Reserva Federal de EEUU

Mañana será el turno de la Reserva Federal y el mercado ya descuenta una nueva subida de tipos de +25 p.b., hasta 1,75%-2%, así como un nuevo paso en el ajuste del balance del organismo. En marzo existió una situación casi de equilibrio entre quienes dentro de la Fed defendían tres subidas de tipos en 2018 y los que apostaban por cuatro. Los últimos datos, acordes con la aceleración de la actividad estadounidense y una inflación al alza, pueden ayudar a un pequeño vuelco en las estimaciones de tipos de los consejeros. Este hecho no causaría gran impacto en el mercado ya que, por ejemplo, el consenso de Bloomberg apunta niveles de tipos del 2,4% al finalizar 2018, acordes con un intervalo de 2,25%-2,50%.

A diferencia de los matices en los tipos previstos para 2018, resultarán más importantes los tipos estimados a largo plazo (2,9%), los cuales esperamos que arrojen pocos cambios y respalden el hecho de que las tasas esperadas por los miembros de la Fed para 2020 serán restrictivas (3,4% en marzo). Un hecho que confirmará el progresivo endurecimiento de la política monetaria, lo cual acabará por limitar el crecimiento de EEUU a lo largo del año próximo año y, en especial, en 2020 cuando ya serán más palpables los efectos acumulados de las medidas acordadas.

Las estimaciones de tipos de los miembros de la Reserva Federal se verán acompañadas de la actualización de sus previsiones económicas, aunque se esperan cambios marginales, tanto de las referentes al crecimiento, como a la inflación.

Por lo tanto, el otro gran punto de interés estará en la rueda de prensa de Jerome Powell. En ella, el presidente de la entidad recalcará la solidez del mercado laboral estadounidense marcada por el pleno empleo y un subempleo a la baja, acordes con una capacidad ociosa en mínimos, que respaldarán el aumento de las presiones salariales. Asimismo, Powell recordará que el actual ruido en las tasas de inflación estadounidenses debe considerarse como un hecho pasajero, siendo lo importante que la referencia en materia de precios de la Fed, el deflactor subyacente del consumo personal (conocido como PCE central), evolucionará de forma consistente hacia los objetivos de la autoridad monetaria en el medio plazo.

En conjunto, la Fed afronta un entorno favorable, tanto desde la perspectiva del crecimiento como de la inflación, para anunciar una nueva subida de tipos y otro paso más en el ajuste de su balance, el cual, en septiembre alcanzará “velocidad de crucero” (50.000 millones $/mes) en consonancia con el sólido crecimiento económico.

Reunión del Banco Central Europeo

De cara al encuentro del BCE del jueves, como confirmaban los últimos mensajes lanzados desde Frankfurt, la entidad presidida por Mario Draghi discutirá el futuro de las compras netas de activos. Un ejercicio que creemos se saldará con el apoyo a su desmantelamiento paulatino durante el cuarto trimestre de 2018. Salvo sorpresas, el BCE dará a conocer la articulación de una menor generosidad monetaria mediante el desmantelamiento del QE, que pasará de un volumen de compras de 30.000 millones €/mes en octubre, a 0 en el arranque de 2019, a razón de una reducción mensual de 10.000 millones €/mes.

Tales acciones se anunciarán bajo el marco de la actualización de las previsiones macroeconómicas del BCE para la zona euro. Estas sustentarán la menor laxitud de la política monetaria en el área, dado que apuntarán a un crecimiento de la economía por encima de su potencial (1,5%) en el corto plazo experimentando una progresiva moderación hacia el mismo. Mientras tanto, a pesar de los altibajos a corto plazo, las previsiones de inflación seguirán apuntando hacia la convergencia con las metas del BCE en el medio plazo.

Las anteriores cuestiones, traducidas a números, se plasmarán en un ligero recorte de la proyección de PIB para 2018 (2,4% en marzo) hasta el 2,2% tras un arranque de año peor de lo previsto; una circunstancia que “arrastrará” ligeramente a la baja la estimación para el próximo ejercicio (1,9% en marzo).

Por su parte, la previsión de inflación para este año sufrirá un ajuste al alza debido a la evolución reciente del petróleo y del euro; un movimiento que se verá acompañado por la proyección de unos mayores precios a nivel subyacente. De hecho, tal revisión al alza se alineará con la aceleración de los precios acontecida recientemente en la zona euro y de la que darán fe los datos finales de mayo. Estos confirmarán que, en el agregado de la eurozona, el repunte de la partida de servicios (1,6% a.) impulsó la recuperación del IPC subyacente (incluido alcohol y tabaco) hasta 1,3% a. Un hecho que consideramos mucho más importante que la influencia al alza de la volátil energía.