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La situación en Venezuela eleva la volatilidad, pero este tipo de episodios rara vez alteran la tendencia

El inicio de 2026 vuelve a poner al inversor frente a una paradoja conocida que venimos repitiendo: los mercados mantienen una tendencia de fondo claramente alcista, pero el contexto es cada vez más exigente con la gestión del riesgo. 

La primera semana completa del año lo ilustrará bien, con la geopolítica ocupando titulares, un ciclo macro que pierde tracción y una narrativa tecnológica, especialmente en torno a la inteligencia artificial, que sigue marcando el ritmo del mercado.

La situación en Venezuela y la intervención de Estados Unidos añaden ruido inmediato, especialmente en el mercado del petróleo. Los mensajes desde Washington, apuntando a una gestión temporal del país y a inversiones masivas de compañías estadounidenses en infraestructuras energéticas, elevan la volatilidad y generan titulares de alto impacto. 

Para los mercados, este tipo de episodios suelen traducirse en movimientos tácticos y repuntes de volatilidad, pero rara vez alteran por sí solos la tendencia estructural de los activos de riesgo. Es un recordatorio de que el corto plazo puede ser incómodo incluso dentro de un ciclo alcista.

En paralelo, el foco macro vuelve al mercado laboral estadounidense. El informe de empleo de diciembre será clave, aunque llega rodeado de desconfianza tras meses de datos distorsionados y revisiones poco claras. Las señales que dejan indicadores como ADP, Challenger o JOLTS apuntan a un mensaje consistente, pues el impulso de contratación es débil, especialmente en las pequeñas empresas, pero no hay un deterioro abrupto que anticipe una recesión inmediata. Este equilibrio frágil, desaceleración sin colapso, es suficiente para mantener viva la narrativa de tipos más estables, pero no para justificar una relajación total en el posicionamiento.

En renta variable, 2025 dejó un contraste relevante que sigue vigente. Aunque las bolsas fuera de Estados Unidos ofrecieron mejores rentabilidades, el peso de la bolsa estadounidense en la capitalización global continúa siendo abrumador. El mercado sigue dependiendo, en gran medida, de un número reducido de grandes compañías estadounidenses, lo que hace que cualquier ajuste en Wall Street tenga repercusiones globales inmediatas. La lectura para 2026 no es abandonar ese liderazgo, sino asumir que exige resultados constantes y una selección mucho más cuidadosa, pues el mercado sigue subiendo, pero cada vez lo hace de forma más selectiva.

La inteligencia artificial continúa siendo el gran motor de momentum. El arranque de año desde Asia, con fuertes subidas en tecnológicas y operaciones corporativas ligadas a chips y modelos de IA, refuerza la idea de que esta carrera es global y altamente competitiva. Movimientos de compañías como Baidu y los avances tecnológicos de actores como DeepSeek recuerdan que el liderazgo no está garantizado, y que la eficiencia del capital empieza a ser tan importante como el crecimiento. En un entorno donde la financiación de grandes proyectos es más exigente, el mercado empieza a diferenciar entre historias sólidas y narrativas excesivamente optimistas.

La conclusión para el inversor es clara. La tendencia de fondo sigue siendo alcista y estar invertido continúa teniendo sentido, especialmente en compañías con beneficios visibles y momentum positivo. Pero este ya no es un mercado para la complacencia. La geopolítica, la fragilidad del ciclo macro y la elevada concentración obligan a extremar la gestión del riesgo, ajustar tamaños de posición y aceptar que la volatilidad forma parte del camino. 

En 2026, más que buscar simplemente estar en el mercado, la clave estará en cómo y dónde estar invertido.

Niveles técnicos clave 

No son recomendaciones de inversión. Solo comentarios desde un punto de vista técnico informativo. 

1.- S&P 500

Desde un punto de vista técnico, el SP500 intentó romper la zona alta del canal de consolidación definido por los 6.530 y los 6.920 puntos. Eso lo hace desde niveles de volatilidad (VIX) mínimos y un sentimiento inversor que pasa a la zona de euforia aún en su zona baja. Esto es importante pues una ruptura con baja volatilidad aumenta la probabilidad de éxito y de asistir a un nuevo tramo alcista. Como zona a no perder para validar la anterior opción, podemos fijarnos en los 6.860 puntos. Si se pierden, seguiremos dentro del canal referido. Si desde ahí rebota y supera esos 6.920, objetivo en los 7.000 puntos y zona de descubrimiento de precios. Por abajo, perder los 6.860 avisaría de extensión hasta los 6.700 puntos. 

2.- El BITCOIN (BTC)

El Bitcoin opera sobre la zona de los 91.000 USD con acumulación silenciosa y escepticismo táctico.

El Bitcoin se mueve esta semana en torno a los 91.000 USD, un nivel que, más allá del precio en sí, está revelando una dinámica interesante entre los distintos tipos de participantes del mercado. El análisis conjunto de los flujos on-chain en spot y del posicionamiento en derivados muestra una clara divergencia entre quienes compran con vocación de permanencia y quienes operan el corto plazo.

Por el lado del mercado spot, los datos son consistentes: la actividad de las wallets con mejor histórico de rentabilidad apunta a una acumulación neta relevante. En las últimas sesiones, estos actores han incrementado exposición de forma muy superior a su media habitual, al tiempo que el Bitcoin continúa saliendo de los Exchange. 

Este patrón suele interpretarse como una señal de compra estructural, asociada a holders que no buscan liquidez inmediata y que prefieren custodiar el activo fuera de plataformas centralizadas. A ello se suma la entrada de nuevas wallets, lo que sugiere incorporación de participantes adicionales, sin que se observe una distribución significativa por parte de grandes ballenas.

El mensaje del spot es, por tanto, claro pues no hay señales de estrés ni de toma de beneficios generalizada. La demanda existe y se expresa de forma paciente.

Sin embargo, el panorama cambia al observar el mercado de derivados. En los futuros perpetuos, especialmente en plataformas donde operan traders profesionales, el sesgo dominante sigue siendo bajista. El llamado “smart money” mantiene posiciones cortas de gran tamaño, abiertas mayoritariamente en la zona de los 100.000–110.000 USD. Estas posiciones acumulan beneficios elevados, lo que indica que, por ahora, el mercado les ha dado la razón. El posicionamiento sugiere que estos actores no esperan una ruptura inmediata al alza y apuestan por un movimiento lateral o incluso correctivo en el corto plazo.

Esta coexistencia de acumulación en spot y escepticismo en derivados configura un escenario de equilibrio frágil. Los inversores de largo plazo parecen cómodos comprando a estos niveles, mientras que los traders tácticos aprovechan la falta de momentum para posicionarse en corto. 

En este contexto, los niveles técnicos adquieren especial relevancia pues una pérdida clara de los 90.000 USD podría tensionar a los compradores apalancados, mientras que una recuperación rápida hacia la zona de los 97.000–100.000 USD pondría presión sobre los shorts, abriendo la puerta a un posible cierre forzado de posiciones.

Así las cosas, el mercado no está enviando una señal unidireccional, sino algo más sutil: convicción a largo plazo, prudencia a corto. La resolución de esta divergencia marcará probablemente el próximo movimiento relevante de el Bitcoin.

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