La confianza del consumidor americano da un leve respiro a la débil coyuntura económica

¿Está empezando a recuperarse la confianza del consumidor? Esa es la pregunta que se hacen los inversores después de que la encuesta de febrero superara las expectativas y la de enero se revisara al alza. Es un repunte modesto, pero bienvenido, tras una racha de datos decepcionantes sobre el PIB, las ventas minoristas y la inflación. Y en un año ya repleto de ruido macroeconómico, sorpresas geopolíticas y cambios sectoriales, los mercados aprovecharán las buenas noticias donde las encuentren.
En diciembre, la confianza del consumidor de los hogares con ingresos entre 100.000 y 124.999 dólares cayó a su nivel más bajo desde 2020. Sin embargo, el repunte de febrero marcó la lectura más alta desde mayo, un giro notable para un grupo que suele ser un referente del gasto discrecional.
Si bien el informe es un avance positivo, la perspectiva es importante. La lectura de febrero, de 91.2, fue la tercera más baja de los últimos cinco años. Al igual que el último informe de empleo, los inversores no buscan un repunte puntual, sino señales de estabilidad duradera. Dado que el consumo personal representa aproximadamente dos tercios del PIB estadounidense, un consumidor seguro y con empleo no solo es beneficioso, sino fundamental para una recuperación más significativa más adelante en el año.
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