Con los mercados revueltos, el dólar se prepara para ganar

No han dado tregua los mercados en los últimos días. Y tampoco se dieron tregua los propios mercados, y no es juego de palabras. Mientras las bolsas de todo el mundo se desplomaban, generando preocupación y sumando a los inversores una mayor incertidumbre que la que ya tenían, los índices principales perdieron prácticamente lo que habían acumulado en todo el año, planteando nuevamente una reflexión: ¿a qué plazo hay que invertir? ¿quién se quedaría dentro del mercado con una ganancia del 15 o 20% de su capital sin tomar beneficios? Y si se toman beneficios ¿cuál es el costo de no haber dejado esa posición abierta durante mucho más tiempo, si en definitiva el activo operado sigue creciendo? Son preguntas que en algún caso tienen respuesta concreta, y en otros no, porque solo se pueden responder después de los acontecimientos.

La caída de la bolsa de Nueva York, que ni siquiera ha podido parar, al menos en las primeras horas de la sesión del viernes 26, un PBI del tercer trimestre bastante mejor que lo esperado, refleja que las cosas están muy bien en algún aspecto, pero no tanto en otro.

Desempleo en mínimos de casi medio siglo, PBI excelente, inflación en objetivo, la Fed sin apuro y sin pausa. ¿Dónde está el problema? Pareciera que los inversores perciben que si bien la economía local está creciendo velozmente, a los chinos se les está dificultando cada día más sostener un crecimiento similar, y esto tiene que ver con los aranceles impuestos hace unos meses, y que están pegando de lleno en ambas economías, en un caso para bien, y en otro para mal.

Pero a su vez, esta caída de la bolsa le está dando, en parte, el sustento que el dólar necesita para seguir escalando posiciones en los pares principales de divisas. Este factor, más los rendimientos de los bonos que, si bien retroceden unos puntos en estos días, se mantienen expectantes y cerca de máximos de 7 años, y la probabilidad cada vez más concreta de que la Fed siga elevando los tipos de interés en el futuro, no dejan muchas dudas acerca de lo que viene: un dólar alcista.

Sus contrapartes no pasan por las mejores horas. El euro se ve vapuleado por el conflicto del presupuesto de Italia, país que se enfrenta con especial virulencia con la Unión Europea. Nadie cede posiciones, y no hay una salida elegante a un problema típico de un gobierno que busca en la emisión de deuda la solución a que lo que no es capaz de generar desde la política. La UE, prudente, le mostró sus compromisos firmados, sobre los cuales Salvini y su gente no parece mostrarse muy preocupado. Y así, con el tiempo pasando, Italia puede ser el inicio de una complicación para el resto de la Eurozona, donde los demás pueden preguntarse por qué uno de los miembros del bloque puede tener un déficit fiscal superior al permitido.

Mario Draghi tampoco ayuda a su moneda. Su alocución del jueves, insípida como de costumbre, solo dejó en claro que se adaptará a lo que venga, pero sin iniciativas propias: el mercado tiene el control por ahora, parece haber dicho, en otras palabras.

Así, el 1.1300 que tocó a mediados de agosto como mínimo anual luce vulnerable, para una moneda que tiene un destino de 1.0500 en unos meses, de acuerdo a ciertas formaciones de gráficos mensuales.

La libra Esterlina también se encamina a su mínimo anual de 1.2665, que tocó en simultáneo con el mínimo del euro. Y puede incluso caer mucho más si el papelón del Brexit no tiene una salida digna, lo cual aparece como bastante improbable. Si una parte quiere poner una frontera en Irlanda, y la otra no, no hay mucho para discutir. Las cosas existen o no existen. Theresa May, debilitada, solo dice que puede haber una salida, que no hay que postergar el Brexit, pero que se puede postergar si es necesario. Algo así como “estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”.

El yen y el oro ganaron en estos días, en distinta medida.  Pero ambos se mantuvieron de pie ante el dólar, ante la búsqueda de refugio de los inversores, sobre todo en los peores días de la bolsa de Nueva York.

El calendario de los últimos días del mes no es el más atractivo, pero el viernes, ya en pleno noviembre, tendremos los datos de empleo de Estados Unidos de octubre, que prometen darle ritmo al mercado. Ya sin la incógnita de saber si la creación de empleo está en línea con lo necesario (que sí lo está), la tasa de desempleo y los promedios de ingreso por hora (una especie de inflación de los salarios), toman especial relevancia.

Eso sí: es mejor no esperar que el dólar se mueva en la dirección que podría tomar ante un buen o mal dato. En los últimos meses, no ha cumplido nunca con lo que se esperaba a partir de la publicación de los informes. Como siempre, convendrá esperar unos minutos.

Comenzamos entonces una semana en la que, en parte por mérito propio, y en parte por problemas ajenos, el dólar asoma como ganador.

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