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El mercado aguanta en superficie, pero el fuego arde bajo el índice

La semana pasada dejó un mensaje que conviene leer con calma. A nivel macro, la economía no se está rompiendo. La inflación USA sorprendió a la baja (+0.2% mensual frente al +0.3% esperado) y el empleo volvió a mostrar fortaleza (+130.000 nóminas frente a +70.000 estimadas). Ese binomio de precios moderándose y mercado laboral sólido, mantiene vivo el escenario de aterrizaje suave. Y, sin embargo, los índices cerraron en negativo, perdiendo sobre un 1%. El mercado no está reaccionando a un deterioro macro, está digiriendo algo más estructural.

Lo que realmente está pasando no se ve en el nivel del índice, sino bajo la superficie. La dispersión entre valores está en niveles que no veíamos desde la crisis financiera o el estallido de la “puntocom”, con el promedio de las acciones del S&P 500 que se ha movido casi un 11% en un mes, mientras el índice permanecía plano. Eso significa que el mercado no está en pánico sistémico, pero sí en rotación violenta. Hay fuego sectorial, no incendio generalizado.

 El catalizador de esa inestabilidad es claro y viene de la IA como fuerza disruptiva transversal. En cuestión de semanas, el mercado ha pasado de premiar cualquier exposición a inteligencia artificial a castigar cualquier modelo de negocio susceptible de ser automatizado. Software, private equity, brokers, asesoramiento financiero, inmobiliarias, logística… cada día aparece un nuevo sector cuestionado por una herramienta que promete reducir costes o eliminar intermediarios. No importa si la tecnología cumplirá lo prometido, pues basta con que el mercado lo crea. La narrativa se ha convertido en un incendio que salta de sector en sector.

Al mismo tiempo, la concentración del mercado estadounidense añade otra capa de fragilidad. Tecnología y servicios de comunicación explican hasta tres cuartas partes de la volatilidad del índice en esta década, y las diez mayores compañías representan cerca de la mitad. La competencia efectiva en el mercado estadounidense se ha reducido de forma drástica en términos históricos. Eso implica que cualquier ajuste en esos grandes nombres tiene un impacto desproporcionado tanto en rentabilidad como en volatilidad.

Y, paradójicamente, mientras todo esto sucede, los índices siguen relativamente contenidos. Correlaciones bajas, movimientos extremos en valores individuales y volatilidad indexada neutralizada. Históricamente, episodios de esta magnitud en dispersión han precedido a entornos más complejos a dos o tres meses vista. No es una señal inmediata de colapso, pero sí una advertencia de que la calma superficial puede esconder tensiones acumulándose.

En paralelo, empiezan a aparecer debates sobre rotaciones estructurales… small caps frente a mega caps, mercados emergentes frente a USA, “anything but dollar” frente al excepcionalismo americano. Son tesis atractivas sobre el papel, pero ejecutar esas rotaciones exige asumir riesgos idiosincráticos elevados en un entorno donde el liderazgo tecnológico sigue dominando la realidad económica.

¿Qué pista nos deja esto para la semana? Que el foco no debe estar solo en el próximo dato macro, sino en cómo evoluciona la dispersión y en qué sectores se convierten en el siguiente objetivo del “wildfire” de la IA. El entorno actual no es de mercado débil, es de mercado selectivo y nervioso. 

En estas fases, la gestión del riesgo y la disciplina pesan más que la narrativa. Los índices pueden parecer estables, pero el verdadero partido se está jugando en los nombres individuales.

Niveles técnicos clave 

No son recomendaciones de inversión. Solo comentarios desde un punto de vista técnico informativo. 

1.- S&P  500

Desde un punto de vista técnico, el S&P 500 sigue dentro de una tendencia de fondo alcista, aunque el mercado está en fase de digestión en máximos. Desde agosto la estructura de máximos y mínimos crecientes no se ha roto, y eso cambia poco mientras el S&P 500 mantenga la zona de 6.700–6.750.

Desde diciembre estamos en un rango lateral en la parte alta, con los 7.000 puntos como resistencia psicológica evidente. El mercado la ha tanteado varias veces, pero aún no ha habido ruptura limpia. Si supera esa zona con convicción, el siguiente tramo técnico se proyectaría hacía los 7.300 puntos.  Si no lo consigue y pierde los 6.750, la consolidación podría transformarse en una corrección más profunda.

No hay señales de sobrecompra extrema ni señal de capitulación. Está en zona neutral, lo que encaja con un mercado que no está eufórico, pero tampoco débil. Lo que sí se aprecia es más volatilidad en máximos, típico de fases donde el dinero empieza a rotar y el mercado selecciona más.

2.- El Bitcoin (BTC)

La estructura puede no haber hecho suelo todavía

El Bitcoin entra en una nueva semana en una fase delicada. La corrección desde los máximos de octubre ronda el 50%, y aunque hemos visto rebotes técnicos desde la zona de 60.000–62.000 USD, los datos estructurales todavía no muestran señales claras de suelo definitivo.

El movimiento más llamativo fue la jornada del 5 de febrero, cuando el mercado registró alrededor de 5.400 millones de dólares en pérdidas realizadas en un solo día. Fue el mayor episodio de realización de pérdidas desde marzo de 2023. A primera vista podría interpretarse como capitulación. Sin embargo, cuando se amplía el foco, el contexto cambia.

Las pérdidas acumuladas medidas en BTC están en torno a 0.3 millones. En el mercado bajista de 2022 esa cifra superó los 1.1 millones de BTC. Es decir, el ajuste ha sido relevante, pero todavía no alcanza niveles de limpieza estructural comparables a los suelos anteriores.

Las métricas clásicas de ciclo refuerzan esa lectura. El MVRV no ha entrado en zona de infravaloración extrema. El NUPL no refleja niveles de pérdidas no realizadas típicos de capitulación profunda. Aproximadamente un 55% del suministro total sigue en beneficios, cuando en mínimos históricos ese porcentaje se acercó al 45–50%. Además, el precio continúa cotizando por encima del premio medio realizado (al que han comprado todos los tenedores de BTC de media), situado en torno a los 55.000 dólares, nivel que en ciclos anteriores llegó a perforarse con claridad antes de formar base.

Los suelos de mercado no suelen ser eventos aislados de un día. Son procesos que requieren tiempo, compresión de volatilidad y desgaste emocional.

En paralelo, el entorno macro sigue siendo determinante. La expectativa de tipos elevados durante más tiempo mantiene limitado el apetito por riesgo. Mientras no haya señales claras de relajación monetaria, es difícil que los flujos regresen con fuerza sostenida a los activos más sensibles a liquidez, como bitcoin.

En el frente institucional, los ETFs han registrado salidas en la semana cercanas a 360 millones de dólares. No es una cifra desordenada ni comparable a episodios de pánico sistémico, pero confirma que el flujo comprador estructural aún no ha regresado con contundencia. Tampoco estamos viendo liquidaciones masivas por parte de inversores de largo plazo, lo que sugiere que el mercado se encuentra en fase de ajuste más que de colapso. Todo esto dibuja un escenario claro donde el mercado ha corregido con fuerza, ha limpiado parte del exceso, pero aún no muestra los síntomas clásicos de un suelo maduro.

Eso no implica necesariamente que deba producirse una caída abrupta adicional. Significa que el proceso puede extenderse en el tiempo. Las fases de consolidación tras grandes ciclos alcistas suelen ser prolongadas y requieren reconstrucción gradual de confianza y flujos.

Para el inversor, el mensaje es más estratégico que táctico. No se trata de anticipar el mínimo exacto, sino de entender el contexto. En ausencia de señales claras de capitulación estructural y con un entorno macro todavía restrictivo, la prudencia sigue siendo coherente en el corto plazo.

Al mismo tiempo, la corrección ya ha reducido valoraciones de forma significativa respecto a los máximos, lo que empieza a abrir ventanas para acumulación gradual en horizontes largos, siempre que se asuma que la volatilidad seguirá presente.

La semana que comienza probablemente no definirá el ciclo. Pero sí puede aportar pistas sobre la velocidad del ajuste y la resiliencia del soporte en la zona de 60.000 dólares. En mercados de este tipo, la disciplina y la paciencia suelen ser más rentables que la prisa por anticipar el giro.

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