Dólar: débil pero no tanto

A partir de la semana que entra comenzaremos a ver una batalla entre monedas; por cierto, una batalla que los bancos centrales no parecen tener mucha voluntad de ganar.

Las presentaciones de fin de mes de Mario Draghi, Presidente del BCE, y Jerome Powell, titular de la Fed, fueron tan elocuentes como conservadoras: no habrá alzas de tasa, no vamos bien, el panorama es incierto, y habrá que ver como seguimos.

Esa parece ser la síntesis de lo que ambos funcionarios, junto a sus equipos, tratan de transmitir a los mercados, que esperaron con impaciencia alguna sorpresa, que por supuesto no llegó.

Lo cierto es que al dólar no le ha ido bien en estos días, pero no tan mal como podría haberle ido. Y hasta termina la semana con una sonrisa tipo La Gioconda, ante la publicación de un dato de empleos que por poco no fue mejor que el de diciembre, que parecía insuperable. Pero dado que Powell y los oficiales del FOMC fueron tan contundentes, es difícil esperar un rally del dólar que lo premie ante un informe tan bueno.

Claro, si se compara con el conflicto que Estados Unidos mantiene con China, y lo que ello puede provocar (una desaceleración global de la economía), la cifra de este viernes parece un dato menor.

De manera que el cierre semanal encuentra a los precios de los pares principales en un limbo, con un dólar que cae, pero a una velocidad de tortuga, y sin que en verdad sea notorio que seguirá cayendo próximamente.

Y es que a los demás tampoco les va muy bien. Desde Europa llegan datos que no son alentadores, agregados a los que el propio Draghi dio días atrás. De todos ellos, las cifras macro de Alemania son las que más asustan: un PBI cuyo pronóstico de crecimiento cae mes a mes, ventas minoristas a la baja, encuestas de clima de negocios debajo de lo esperado. De suerte que si el euro está donde está no es porque tenga mucho para ofrecer, sino porque el dólar cayó en buena forma en las últimas jornadas.

¿Quién ganará entonces la contienda? El euro, o el dólar? En el corto plazo, pareciera que la moneda única, aunque a más largo tiempo, el billete verde asoma como ganador.

Contra la libra Esterlina la cuestión es distinta. El dólar no tiene mucho que hacer allí en tanto la película del Brexit acapare la atención de los inversores, y tenga en sus manos el destino de Reino Unido. La libra se vio muy beneficiada últimamente por la previsión de que el Brexit no será tan duro como se creía, o que directamente no habrá Brexit. Pero tampoco esto último se puede confirmar. Habrá que esperar entonces, aunque, por un motivo u otro, la libra tiene destino alcista. Y por encima de 1.4000.

El yen, aunque algo más fuerte, por ahora no da muchas señales de que camino tomará en el futuro, y su papel vuelve a ser el de refugio de inversores temerosos ante las crisis.

El que suele ser refugio y ahora es un activo de especulación es el oro. La onza no tuvo problemas en ganar 50 dólares en 6 días, de los 165 que ganó desde agosto pasado. Aún lejos de 1365, máximo de abril de 2018, el metal tiene mucho terreno por ganar. Y dado que crece por especulación o por refugio, el oro tiene destino alcista, con alguna corrección puntual, que a estas horas ya se ve como imprescindible.

Nos espera una semana a la que no le sobran atractivos desde las noticias, aunque con un dólar que busca su destino, las oportunidades aparecerán solas.

Tan solo el PBI del último trimestre de 2018, postergado para el miércoles próximo por el cierre del Gobierno Federal, podría impactar de lleno en los precios. El ISM de servicios también, aunque en una medida mucho menor.

¿Se viene un cambio de ciclo, y el dólar se cae? Hay indicios, pero no los suficientes para afirmarlo en forma rotunda.

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