Bolsas fuertes, volatilidad baja y un trasfondo que no conviene ignorar

El mercado arranca 2026 con una foto aparentemente cómoda con unas bolsas en máximos, la volatilidad contenida y una predisposición alcista intacta. El S&P 500 se queda a un paso de los 7.000 puntos, la tecnología vuelve a liderar y los índices avanzan sin fricciones aparentes. Sobre el papel, todo encaja.
Pero cuando uno rasca un poco, el cuadro es bastante más complejo. Por un lado, la economía real sigue enviando señales contradictorias. El mercado laboral se enfría pues la creación de empleo quedó por debajo de expectativas, mostrando una desaceleración clara frente a 2024 y un 2025 que cierra como uno de los peores años en destrucción de empleo desde la crisis financiera (excluyendo 2020). La participación baja, el dinamismo se concentra en sectores de bajo valor añadido y las revisiones estadísticas siguen sembrando dudas.
Al mismo tiempo, la productividad se dispara. Y eso, aunque suene positivo, tiene una cara B incómoda pues la parte de la renta que va a los trabajadores vuelve a mínimos históricos, mientras los beneficios empresariales marcan máximos. La eficiencia mejora, sí… pero el reparto no. La narrativa de fondo empieza a oler a IA, automatización y presión estructural sobre el empleo, algo que el mercado aún no está descontando del todo.
El consumidor estadounidense se siente mal, aunque los datos macro digan que la economía va bien. El sentimiento está en niveles históricamente deprimidos, a pesar de que los modelos de crecimiento apuntan a un PIB sorprendentemente fuerte. Crecimiento en los datos, malestar en la calle. Esa divergencia no suele resolverse sin fricciones.
¿Y el mercado…? Imperturbable. La baja volatilidad actúa como anestesia, refuerza el sesgo alcista y permite que los múltiplos aguanten. La tecnología vuelve a marcar el paso, los flujos acompañan y cualquier ruido, geopolítico o macro, se digiere (de momento) sin demasiada digestión.
Pero precisamente ahí está el punto clave para el inversor. Cuando la volatilidad es baja y todo parece controlado, el riesgo no desaparece, se acumula.
No estamos en un entorno para ponerse bajista por sistema, pero tampoco para confundir tendencia con ausencia de riesgo. El mercado sigue subiendo, sí, pero sobre una base cada vez más estrecha, con una productividad sin salarios, un crecimiento sin confianza y unos beneficios sin reparto.
Así las cosas, la predisposición alcista de las bolsas sigue ahí. La tendencia manda.
Pero la gestión del riesgo en 2026 no es opcional, es más importante que nunca.
Porque cuando la volatilidad regrese, y siempre regresa, lo hará desde niveles demasiado complacientes.
¿Qué vigilar esta semana?
Arranca la temporada de resultados y lo hace con la gran banca estadounidense como termómetro del ciclo. JPMorgan Chase abre el martes, seguida de Bank of America, Wells Fargo y Citigroup el miércoles, y Goldman Sachs y Morgan Stanley el jueves. Más allá del BPA, el foco estará en márgenes, crédito y mensaje para 2026.
En el lado macro, semana cargada con los datos de IPC de diciembre el martes, IPP y ventas minoristas el miércoles. Datos clave para recalibrar expectativas de tipos, con bolsas en máximos y poco colchón ante sorpresas.
Además, vuelve a escena la Reserva Federal. Hablarán varios miembros y se publica el “Beige Book”, clave para entender cómo ve la Fed la economía real.
Cierra la semana con nombres relevantes como Taiwan Semiconductor y BlackRock, útiles para tomar el pulso a tecnología, flujos y apetito por riesgo.
Si resultados e inflación acompañan, el rally sigue. Si no, el mercado tendrá que digerirlo rápido. Gestión de riesgo, imprescindible.
Niveles técnicos clave
No son recomendaciones de inversión. Solo comentarios desde un punto de vista técnico informativo.
1.- S&P 500
Desde un punto de vista técnico, el índice continúa marcando mínimos crecientes dentro de la tendencia alcista principal que se muestra realmente ordenada, con volatilidad baja y sin picos de sobrecompra. El RSI se mantiene en zona de fortaleza, pero lejos de niveles extremos. No hay euforia técnica, pero sí convicción.
El índice está pegado a la zona psicológica clave de los 7.000 puntos. Y cuando el mercado llega ahí con esta calma, suelen pasar dos cosas, o bien rompe y continúa, o se toma un respiro. Lo que no suele hacer es caer sin avisar.
Mientras no se pierda la directriz alcista y la zona de soporte más inmediata delimitada por los 6880-6900 primero y los 6800 después, el sesgo sigue siendo positivo. Pero estamos más cerca de resistencias que de soportes, y eso obliga a gestionar el riesgo mejor que nunca. Aquí no se trata de adivinar el próximo punto arriba, sino de saber qué hacer si el mercado corrige.
La tendencia manda, el mercado acompaña, pero el margen de error se estrecha. Seguir invertido tiene sentido. Hacerlo sin plan, no.
2.- El Bitcoin (BTC)
El Bitcoin sigue en fase de consolidación, no de ruptura. Las liquidaciones recientes (recurrentes en el rango de 250–500 millones de USD diarios) indican que el mercado continúa ajustando el exceso de apalancamiento, especialmente en posiciones largas abiertas demasiado pronto. No es un proceso de capitulación, sino de depuración.
El precio permanece condicionado por el mercado de derivados, que supone unas diez veces el volumen negociado en contado. El rango 90.000–100.000 USD actúa como marco general de equilibrio, pero antes de avanzar hacía los 100.000 USD existe una referencia técnica clara en torno a los 95.000 USD, que está funcionando como techo de corto plazo. Esta zona concentra fricción relevante y suele activar toma de beneficios y ajustes de coberturas, dificultando avances rápidos mientras no entre nueva demanda.
Desde el punto de vista estructural, la presión vendedora de largo plazo se ha reducido y el “open interest” en futuros comienza a reconstruirse de forma gradual. El posicionamiento en opciones sigue apuntando a precios más altos en los próximos meses, aunque no de forma inmediata ni lineal.
A este contexto se añade un cambio de fondo relevante, pues continua la entrada institucional que sigue produciéndose por la vía regulatoria y no por flujos especulativos. Por ejemplo, grandes entidades financieras como el Bank of America o Morgan Stanley, están habilitando a sus redes de asesores para recomendar ETFs de Bitcoin o registrando nuevos productos bajo marcos plenamente regulados, al tiempo que en Estados Unidos y en Europa avanzan normas más claras sobre stablecoins, reporting fiscal y estructura de mercado. No es un catalizador de corto plazo, pero reduce fricción y amplía de forma estructural la base potencial de capital.
Así las cosas, el sesgo de fondo sigue siendo constructivo, pero el mercado no está premiando la impaciencia. Mientras los $95.000 sigan actuando como resistencia intermedia, el corto plazo exige prudencia. A más largo plazo, la combinación de menor presión vendedora, reconstrucción gradual del interés y un entorno regulatorio más definido refuerza la tesis de construcción progresiva de posiciones, más que de apuestas direccionales agresivas. Del mismo modo, volver a perder los 89.000USD-90.000USD avisaría de una debilidad manifiesta de implicaciones bajistas en el corto plazo.
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Equipo eToro
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