Demasiado “Made in China”
China vende hoy prácticamente de todo al mundo. Los tiempos en los que se asociaba al gigante asiático con la fabricación de productos de bajo valor añadido, como ropa y peluches, han quedado atrás: exportará en 2026 más de 300.000 millones de dólares en semiconductores y microensamblajes, así como unos 400.000 millones de dólares en baterías de iones de litio, vehículos de motor y recambios para automóviles, destaca Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard.
El creciente dominio de China en las cadenas de suministro mundiales se refleja en su superávit comercial, que alcanzó los 1.2 billones de dólares en 2025, un 1.055% más que hace 20 años. La semana pasada se registró un nuevo récord mensual de 133.500 millones de dólares, impulsado por un aumento interanual del 36.3% en las exportaciones, hasta 447.200 millones de dólares, y del 31% en las importaciones, hasta 313.700 millones de dólares.
Temple vincula esta formidable evolución con unas políticas mercantilistas muy eficaces desde la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, que han creado “empresas líderes a nivel mundial que están devastando cada vez más las bases industriales de las economías desarrolladas y emergentes”. En 2025, más del 75% de los países que comerciaron con China terminaron con déficit. Los escasos afortunados que generaron superávits venden materias primas (Brasil y Australia, por ejemplo) o insumos tecnológicos críticos como semiconductores (Taiwán y Corea del Sur).
Las señales de alarma se están intensificando, y no sólo en EE.UU., asegura el estratega de Lazard. El déficit comercial de la UE aumentó un 26% en los 9 primeros de este año, con déficits mensuales superiores a 30.000 millones en cada uno de los últimos seis meses, y ya supera al estadounidense en casi un 19%, a pesar de su PIB es aproximadamente un 40% menor. Incluso India, con ventajas de costes laborales frente a China, soporta un déficit de 106.000 millones de dólares en lo que va de año, equivalente al 45% del estadounidense con un PIB un 87% inferior.
Temple llama la atención sobre el hecho de que la única exportación sorprendentemente pequeña de China es la de tierras raras (sólo 3.400 millones de dólares en lo que va de año, en torno al 0.1% del total), aunque reconoce que limitar el acceso a este producto puede causar gran “consternación en las capitales mundiales”, y se pregunta cuántos otros puntos de estrangulamiento deben estar al alcance de Pekín.
El reto para los socios comerciales es que, al ganar cuota de mercado, China tiende a expulsar a los competidores extranjeros, y reconstruir esa capacidad productiva puede llevar años, “si es que eso resulta siquiera posible”, dice el experto. “La UE está empezando a tomarse en serio, aunque tarde, la protección de sus industrias nacionales, pero EEUU se ha mostrado menos agresivo desde que China demostró su dominio en la escalada en 2025 al cortar el acceso a minerales críticos y tierras raras”, comenta.
Cree que, en algún momento, el mundo desarrollado tendrá que actuar unido o afrontar una “peligrosa dependencia” de un país que ya ha demostrado su voluntad de aprovechar su poder sobre la cadena de suministro. Pero también remarca que la dependencia de China de las exportaciones es “insostenible”, y que necesita abordar sus debilidades internas para sentar las bases de un crecimiento sostenido. “Sin este reequilibrio, el riesgo para el crecimiento mundial seguirá aumentando”, concluye.
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Equipo de analistas Lazard
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