Geopolítica, energía y bancos centrales: Los tres factores que dominan los mercados
|El Estrecho de Ormuz se convierte en el principal frente económico del conflicto
El conflicto en Oriente Medio continúa evolucionando hacia un escenario de tensión prolongada con consecuencias económicas globales cada vez más visibles. Aunque Israel y Estados Unidos han logrado imponerse en varios frentes tácticos mediante operaciones militares y ataques aéreos, la dinámica estratégica del conflicto parece favorecer a Irán. La capacidad iraní para tensionar el Estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más importantes del mundo, está teniendo efectos directos sobre el comercio global de energía y sobre la estabilidad económica internacional.
Este estrecho canal marítimo concentra una parte crítica del transporte mundial de petróleo y gas, por lo que cualquier alteración en su operativa se traduce inmediatamente en un aumento de los precios energéticos y en tensiones inflacionarias en las principales economías. En este contexto, la estrategia iraní parece centrarse menos en el enfrentamiento militar directo y más en la presión económica indirecta sobre las economías occidentales.
Es probable que Estados Unidos reduzca progresivamente su implicación directa en el conflicto, en el medio plazo. El coste logístico y militar de mantener una campaña aérea prolongada, unido al desgaste en inventarios de armamento y a la falta de beneficios estratégicos adicionales, puede llevar a Washington a adoptar una posición más distante. Israel, por el contrario, tiene incentivos políticos internos para mantener su participación activa. Con elecciones previstas para el otoño, el apoyo mayoritario de la población israelí a la guerra hace probable que el gobierno continúe con una postura militar firme.
Este escenario podría prolongar las tensiones en el Estrecho de Ormuz incluso si Estados Unidos reduce su participación directa. La situación se complica además por la estructura de mando iraní: las 35 unidades de la Guardia Revolucionaria operan con un grado elevado de autonomía, lo que dificulta la interlocución centralizada y complica cualquier proceso de negociación de paz. Como resultado, el escenario más probable es una crisis duradera, con una normalización muy lenta de la situación regional.
Tipo de Interés | IPC (YoY) | Tasa de Desempleo | PIB (YoY) | |
Eurozona | 2,15% | 1,9% | 6,2% | 1,2% |
EE.UU. | 3,75% | 2,4% | 4,4% | 2,0% |
China | 4,35% | 1,3% | 3,96% | 4,5% |
El conflicto amenaza nuevas disrupciones en las cadenas de suministro
Las consecuencias del conflicto no se limitan al petróleo y al gas. La región también es un proveedor clave de otros insumos industriales estratégicos, como la urea utilizada en fertilizantes, el ácido sulfúrico y el helio. Estos productos desempeñan un papel crítico en dos sectores especialmente sensibles: la producción agrícola y la fabricación de semiconductores. Por tanto, una disrupción prolongada en su suministro podría tener efectos indirectos sobre los precios de los alimentos y sobre la industria tecnológica.
China observa el conflicto mientras mantiene la presión sobre Taiwán
China, por el momento, se mantiene al margen del conflicto en Oriente Medio. No obstante, sí está experimentando algunas consecuencias indirectas, particularmente por la reducción del suministro energético procedente de aliados como Irán o Venezuela. En este contexto, el país dispone de cierto margen de maniobra gracias a su capacidad para aumentar la producción energética a través de centrales térmicas alimentadas por carbón.
Paralelamente, Pekín ha intensificado su actividad militar en torno a Taiwán. En los últimos movimientos registrados, un total de 24 aeronaves militares chinas operaron en las proximidades de la isla, de las cuales 16 cruzaron la línea media del estrecho de Taiwán, una frontera no oficial que durante décadas ha funcionado como línea de separación tácita entre ambas partes. Las fuerzas armadas taiwanesas respondieron desplegando aviones de combate, buques de la armada y sistemas de misiles terrestres para monitorizar la situación. Este tipo de episodios incrementa la percepción de riesgo geopolítico en la región, especialmente teniendo en cuenta el papel crítico de Taiwán en la producción global de semiconductores. Una eventual escalada en esta zona podría redefinir el panorama geopolítico y generar fuertes repercusiones económicas globales.
El petróleo impulsa la demanda global de dólares
Durante la última semana, el EUR/USD experimentó un movimiento moderadamente alcista, cerrando el viernes en 1,1473; lo que representa una variación semanal del +0,50%. Sin embargo, este comportamiento debe interpretarse dentro de una tendencia más amplia de apreciación del dólar desde comienzos de año.
El fortalecimiento del dólar de las últimas semanas no responde a un aumento estructural del apetito por activos estadounidenses. De hecho, ni la renta variable ni el mercado de bonos están mostrando movimientos al alza, sino lo contrario. El principal factor detrás de la fortaleza del dólar parece estar relacionado con el aumento del precio del petróleo tras las tensiones en el Estrecho de Ormuz. Dado que el crudo se negocia internacionalmente en dólares, el incremento del precio del petróleo ha generado una mayor demanda de la divisa estadounidense para financiar las transacciones energéticas. Este efecto ha presionado al EUR/USD a la baja, llevándolo por debajo del nivel de 1,1500.
En el inicio de esta semana, el par abrió en 1,1569 y actualmente cotiza en torno a 1,1495, lo que supone una caída aproximada del 1,74%. Este movimiento refleja la persistencia de las tensiones geopolíticas y el impacto que estas están teniendo sobre los mercados energéticos y de divisas. El comportamiento del tipo de cambio seguirá muy condicionado por la evolución de los precios del petróleo y por las decisiones de política monetaria de los principales bancos centrales en los próximos días.
El consumo estadounidense pierde fuerza en el inicio de año
Los últimos datos macroeconómicos muestran una clara desaceleración de la economía estadounidense. El PIB del cuarto trimestre creció a un ritmo anualizado del 0,7%, muy por debajo del crecimiento del 4,4% registrado anteriormente. Este cambio refleja principalmente una moderación en el consumo, el principal motor de la economía americana. En enero, el consumo interno aumentó un 0,4%, mientras que la inflación fue del 0,3%, lo que implica un crecimiento real de apenas el 0,1%. Este dato sugiere que el impulso del consumo comienza a mostrar señales de agotamiento.
A esto se suma un déficit fiscal persistentemente elevado, cercano al 7% del PIB, en un contexto de deuda pública en máximos históricos. La factura derivada del conflicto en Oriente Medio previsiblemente incrementará el gasto público, mientras que el menor crecimiento económico limita la capacidad de aumentar los ingresos fiscales. Este desequilibrio fiscal añade vulnerabilidad al escenario macroeconómico de Estados Unidos.
El shock energético amenaza el crecimiento en Europa
En la Eurozona, el aumento de los precios energéticos vuelve a convertirse en un factor clave para las perspectivas de crecimiento. Históricamente, se estima que por cada aumento del 10% en el precio de la energía, el crecimiento económico europeo se reduce aproximadamente en dos décimas. Con las actuales tensiones geopolíticas, se estima que los precios energéticos podrían aumentar entre un 25% y un 30% en los próximos seis a doce meses. De materializarse este escenario, el impacto sobre el crecimiento podría rondar las seis décimas de PIB. Esto situaría el crecimiento económico europeo por debajo del 1%, reforzando el riesgo de una fase prolongada de crecimiento débil en la región.
Ocho bancos centrales decidirán en tres días
La semana presenta uno de los calendarios de política monetaria más intensos de todo 2026. En apenas tres días, ocho grandes bancos centrales anunciarán sus decisiones de tipos de interés. El calendario comienza el 17 de marzo con el Banco de la Reserva de Australia (RBA). El 18 de marzo se reunirán la Reserva Federal (Fed) y el Banco de Canadá (BoC). Finalmente, el 19 de marzo llegará la mayor concentración de decisiones, con el Banco de Japón (BoJ), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra (BoE), Banco Nacional Suizo (SNB) y el Riksbank. Aunque los mercados no anticipan cambios inmediatos en los tipos de interés de la mayoría de estas instituciones, los inversores estarán especialmente atentos al tono de los comunicados y a cualquier cambio en las perspectivas de política monetaria tras el nuevo escenario energético.
La Fed podría verse atrapada entre inflación y bajo crecimiento
Actualmente, el mercado descuenta una bajada de tipos por parte de la Reserva Federal durante 2026, previsiblemente en septiembre, con un tipo terminal cercano al 3,50%. Sin embargo, el nuevo contexto energético podría alterar significativamente estas expectativas.
El aumento del precio de la gasolina y de la energía en general podría elevar la inflación en Estados Unidos hacia niveles cercanos al 4%, mientras que el crecimiento económico muestra signos de debilidad. Este escenario —caracterizado por inflación elevada y crecimiento reducido— complica considerablemente la capacidad de la Fed para recortar tipos. De hecho, si las presiones inflacionarias continúan intensificándose, el mercado podría comenzar a descontar incluso posibles subidas de tipos en lugar de recortes.
Europa reevalúa su estrategia monetaria
En Europa, la dinámica económica había mostrado cierta resiliencia en los últimos meses. Inicialmente, el crecimiento estuvo impulsado por los países del sur de la Eurozona y posteriormente por Alemania gracias a una política fiscal más expansiva. Sin embargo, el nuevo escenario energético podría alterar nuevamente este equilibrio. Alemania es una de las economías más expuestas al encarecimiento de la energía, especialmente tras el corte del suministro de gas ruso y las nuevas tensiones derivadas del Estrecho de Ormuz. En este contexto, el mercado comienza a descontar entre una y dos subidas de tipos por parte del Banco Central Europeo durante 2026, lo que situaría el tipo de depósito entre el 2,25% y el 2,50% a finales de año. No obstante, para la reunión de esta semana se espera que el BCE mantenga los tipos sin cambios en el 2,15%.
El RBA podría ser el único banco central en subir tipos
El Banco de la Reserva de Australia destaca como el único gran banco central con probabilidades relevantes de subir los tipos esta semana. Actualmente situados en el 3,85%, el mercado descuenta aproximadamente un 62% de probabilidad de subida hasta el 4,10%. Este escenario podría generar una mayor volatilidad en el dólar australiano frente a otras divisas.
En contraste, se espera que el resto de bancos centrales mantengan los tipos en sus niveles actuales: el Banco de Inglaterra en el 3,75%, el Banco de Canadá en el 2,25%, el Banco Nacional Suizo en el 0,0%, el Riksbank en el 1,75% y el Banco de Japón en el 0,75%.
Las tensiones geopolíticas, el incremento de los precios energéticos y los riesgos para las cadenas de suministro añaden una nueva capa de complejidad a un entorno macroeconómico ya de por sí complejo. En este contexto, cualquier cambio inesperado en el tono de los bancos centrales podría provocar movimientos inesperados en los mercados financieros, especialmente en divisas.
Calendario Económico
Esta semana los inversores centrarán su atención en las decisiones de tipos de los principales bancos centrales, la evolución del conflicto en oriente medio, el IPC en la Eurozona; el IPP y los pedidos de fábrica en EEUU.
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