La semana que puede cambiar el guión de la Fed
|Semana corta en Estados Unidos, pero cargada de catalizadores capaces de mover expectativas de tipos, bonos y bolsa. El foco estará en la inflación, aunque el análisis sigue centrándose en entender la divergencia entre unos bonos largos muy castigados y una renta variable cerca de máximos.
El dato clave llega el viernes con el IPC de agosto, probablemente la última gran referencia de inflación antes de la próxima decisión de la Fed. El consenso espera una moderación de la inflación subyacente hacia el 2.4% interanual, pero habrá que mirar vivienda, servicios y energía para comprobar si la desinflación continúa o aparecen nuevas presiones.
Un dato en línea mantendría abierto el debate. Uno claramente superior a lo esperado complicaría bastante más el escenario para la Fed, especialmente después de unos datos de empleo que ya han reducido las expectativas de recortes.
No olvidemos que este jueves conoceremos los precios al productor y también la decisión del BCE, de modo que en apenas 48 horas tendremos nuevas referencias sobre inflación y política monetaria a ambos lados del Atlántico.
De otro lado, la tecnología tiene que seguir justificando las valoraciones y una muestra de ello lo tendremos con Oracle y Adobe, que publican resultados el jueves. Más que los números aislados, interesa escuchar qué dicen sobre demanda, inversión empresarial y gasto relacionado con inteligencia artificial.
Una parte importante del comportamiento reciente de la bolsa estadounidense descansa sobre la idea de que los beneficios deben seguir creciendo lo suficiente como para justificar unas valoraciones exigentes. Mientras esa tesis siga viva, el mercado puede convivir con tipos elevados durante más tiempo. El escenario sería más complejo si coincidieran una inflación resistente y una desaceleración del crecimiento de beneficios.
Así mismo, los bonos del Tesoro estadounidense de larga duración atraviesan uno de sus peores periodos históricos, mientras la renta variable continúa cerca de máximos. Como consecuencia, la prima de riesgo de la renta variable frente a los bonos se ha comprimido hasta aproximadamente -100 puntos básicos, niveles que no veíamos desde la etapa posterior a la burbuja tecnológica.
Desde un punto de vista clásico, la lectura sería que los bonos empiezan a parecer relativamente baratos y las acciones relativamente caras.
Pero el mercado no está respondiendo así pues no vemos una gran reasignación hacia deuda pública a largo plazo, lo que sugiere que el mercado sigue exigiendo una prima elevada por inflación, déficit fiscal, emisión de deuda y tipos reales.
Qué debe vigilar el inversor
Esta semana hay tres preguntas importantes.
- La primera es si la inflación permite realmente a la Fed relajarse. Un IPC débil reforzaría la narrativa de tipos más bajos. Uno fuerte podría volver a presionar bonos, dólar y activos de mayor duración.
- La segunda es si los beneficios empresariales siguen justificando las valoraciones actuales. La inteligencia artificial continúa siendo uno de los principales motores del ciclo de inversión y cualquier señal de desaceleración tendría una lectura mucho más amplia que el impacto sobre unas pocas tecnológicas.
- La tercera es entender las razones por las que no estamos viendo todavía una reasignación clara hacía unos bonos que, en términos relativos, parecen más atractivos frente a la bolsa
Puede tratarse de una anomalía temporal, pero también puede reflejar cambios más profundos. Déficits elevados, grandes necesidades de financiación, inversión en IA, flujos pasivos y cambios en la demanda pueden estar alterando algunas de las relaciones históricas entre bonos y acciones.
Así las cosas, la divergencia actual no debería interpretarse, por sí sola, como una señal concluyente de compra o venta en ninguna clase de activo.
Lo relevante es que el equilibrio entre crecimiento, inflación, beneficios y tipos se está volviendo cada vez más exigente. Mientras los beneficios mantengan una dinámica sólida, la economía conserve resiliencia y las condiciones financieras sigan siendo favorables, unas valoraciones elevadas pueden persistir durante más tiempo de lo que sugerirían algunos modelos históricos.
Al mismo tiempo, una prima de riesgo cada vez más comprimida implica una mayor sensibilidad del mercado ante posibles sorpresas en inflación, crecimiento o beneficios.
Por eso, esta semana no se trata solo de saber si el IPC sale una décima por encima o por debajo. Se trata de evaluar si el actual entorno de tipos puede mantenerse sin deteriorar de forma significativa el crecimiento o la generación de beneficios.
Ese equilibrio será una de las referencias más importantes para entender el siguiente tramo del mercado.
Niveles técnicos clave
No son recomendaciones de inversión. Solo comentarios desde un punto de vista técnico informativo.
1.- S&P 500
El S&P 500 sigue manteniendo su estructura alcista, aunque entra en la semana consolidando cerca de máximos y con menor impulso. Cotiza en 7.718 puntos, por encima de la media de 50 sesiones situada en 7.592, mientras el RSI en 55 permanece en terreno neutral y sin señales de sobrecompra.
La zona de 7.780–7.820 sigue siendo la principal resistencia. Superarla abriría el camino hacia 7.900–8.000 puntos.
Por abajo, el primer soporte aparece en 7.650, pero la referencia clave está en 7.580–7.600. Mientras se mantenga, las caídas pueden interpretarse como una consolidación dentro de la tendencia alcista. Su pérdida aumentaría el riesgo de corrección hacia 7.500–7.430 puntos.
2.- El Bitcoin (BTC)
El Bitcoin mejora, pero los 83.000 dólares tienen la última palabra
El Bitcoin vuelve a acercarse a un punto decisivo en medio de distintas narrativas. Las entradas institucionales, la menor presión vendedora y la mejora de algunas métricas on-chain apuntan a una estructura más favorable. Sin embargo, todavía falta la confirmación que separaría un rebote de una nueva fase alcista que pasa, en principio, por recuperar de forma sostenida los 82.000–83.000 dólares.
Esta última semana, pese a que los datos de empleo que alejaron la posibilidad de bajadas de tipos y llevaron a bitcoin hasta los 76.600 dólares, el precio se recuperó rápidamente con entradas de ciertos flujos. La señal relevante es que el mercado está siendo capaz de absorber noticias negativas sin romper sus soportes y seguimos viendo una demanda institucional que va mejorando, con unos ETF estadounidenses que registraron cerca de 1000 millones de dólares de entradas en el total semanal.
Las métricas on-chain acompañan parcialmente esta mejora. Los inversores de corto plazo vuelven a vender, de media, con beneficios y una parte elevada de la oferta permanece en manos consideradas de largo plazo. La lectura conjunta sugiere menor presión vendedora, aunque no existe una acumulación uniforme entre todos los grupos de inversores.
El mercado afronta además varios catalizadores relevantes. El 9 de septiembre comienzan las recompras ampliadas de deuda a largo plazo del Tesoro estadounidense, por al menos 4.000 millones de dólares por operación. Estas operaciones buscan mejorar la liquidez del mercado de bonos y no deben confundirse con un programa de expansión monetaria, pero hay que interpretarlas correctamente.
El día 10 se publica el índice de precios de producción y el 11 el IPC. El 15 está prevista una primera votación de la CLARITY Act en el Senado, aunque el calendario legislativo puede sufrir modificaciones. El 16 llegará la decisión de la Reserva Federal, acompañada de nuevas proyecciones económicas.
En pocos días, el Bitcoin recibirá señales sobre cuatro variables fundamentales: liquidez, inflación, regulación y tipos de interés.
Desde el punto de vista técnico, superar los 82.000–83.000 dólares con volumen y continuidad en los flujos institucionales reforzaría el escenario de avance hacia los 90.000 dólares. Los 100.000 constituirían una referencia psicológica posterior, no un objetivo garantizado.
La zona de 79.500–80.000 dólares funcionan como pivote inmediato. Por debajo, los 76.500–77.000 representan el principal soporte táctico. Su pérdida aumentaría el riesgo de una corrección hacia los 70.000–73.000 dólares.
El escenario central continúa siendo una consolidación entre 76.500 y 83.000 dólares. La estructura está mejorando, pero la tesis de una tercera gran ola alcista sigue necesitando confirmación. Bitcoin se acerca a un punto importante. Por ahora, los 83.000 dólares continúan teniendo la última palabra.
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