¿Volverá la calma a la bolsa?

Se va una semana que quedará en el recuerdo por un largo tiempo. La bolsa de Nueva York sufrió una estrepitosa caída que se venía percibiendo desde varios días atrás, pero que se hizo tangible desde el martes, con pérdidas que borraron los beneficios de prácticamente tres meses en pocas horas.

Suele ser complicada la operatoria en la bolsa, sobre todo cuando se generan movimientos tan marcados como los que vimos en los últimos meses. El 3 de octubre, hace apenas unos días, el índice Dow Jones tocaba un nuevo máximo histórico, con todo a favor, empresas que ganan mucho dinero, y variables macro de Estados Unidos con sus mejores cifras en décadas.

¿Cómo explicar entonces que 9 días después, con las mismas variables, con las mismas empresas ganando mucho, con datos de empleo en sus mejores horas, con un PBI a toda marcha, y un desempleo en mínimos de medio siglo, todo se caiga en 10 o 12 horas de operaciones?

Claro que no es sencillo. Los motivos que explican el alza son los mismos que explican la caída. Y evidentemente algo no cierra en esa ecuación. Pese a que se esgrime como motivo principal que la Fed seguirá elevando los tipos de interés durante algún tiempo, y esto podría frenar el crecimiento de la economía, nadie puede sorprenderse por ello. La inflación ya se acomodó en el nivel esperado, y la Fed no puede quedarse con los brazos cruzados, a riesgo de que si lo hace, deberá tomar medidas de apuro más adelante. Otra explicación, también válida, es que los rendimientos de los bonos del Tesoro han crecido en estos meses a máximos de varios años. Lo mismo sucedió hace pocas semanas, y nada de lo que se vio en estos ocurrió.  Es claro que el dólar debe beneficiarse del crecimiento de los bonos, y así lo hizo, pero las acciones no cayeron en la misma medida.

Sí, en cambio, es más fácil encontrar los motivos de lo que sucedió en argumentos técnicos, que se pueden encontrar en cualquier manual de análisis de mercados. Ningún activo sube o baja en forma indefinida, y esto aplica a las acciones en primer lugar. Las olas de euforia, que en la teoría de las tendencias podría enumerarse como fase de distribución de una tendencia alcista, tienen un plazo definido, y suelen aparecer cuando se acelera la misma, recorriendo mayor cantidad de puntos en menos tiempo. Esto suele ser un claro indicio de que se acerca un cambio de tendencia, o al menos una corrección importante.

También es cierto que las tendencias se mantienen vigentes mientras no sean reemplazadas por una tendencia en dirección contraria, pero el origen de este cambio no es simultáneo con el cambio, sino que viene de mucho antes; esto es, la tendencia bajista se inicia en la última fase de la tendencia alcista anterior. En otras palabras, el 3 de octubre comenzó a generarse la caída de esta semana, pero ¿quién se hubiera animado a afirmarlo? Y sobre todo ¿qué es más atractivo, explicar lo mencionado, o destacar que Trump dijo que los de la Fed están todos locos, y encontrar allí los motivos?

Las monedas parecieron estar a salvo de todo esto. El euro fue y volvió, y probablemente así siga durante unos días. Superó 1.1600 por muy poco, pero apareció Draghi hablando de la necesidad de sostener con estímulos el crecimiento por ahora modesto de la Eurozona, y fue suficiente para terminar con su alza. La lógica de los mercados debería enviar al euro debajo de 1.1400 en poco tiempo, pero cada vez que esto está por ocurrir, aparece Trump, o Draghi, o alguien. ¿Será que hay algún acuerdo en el medio?

La libra Esterlina entra en días decisivos para su futuro. El “partido” del Brexit va llegando a su final, y aparece un claro ganador, que es el propio Brexit. Los políticos están buscando la forma de hacerlos menos dañino para todos, y evitar los papelones que están haciendo, cuando quedan pocos días para la cumbre de la UE, en la que debería quedar todo definido. Theresa May no ha guardado el orden tradicional que guía a los británicos, y con sus dichos de “mejor un no acuerdo que un mal acuerdo” provocó fuertes bajas de la libra, que luego eran remediadas por algún funcionario de segundo nivel que afirmaba tener todo listo para la firma. Si bien termina la semana lejos de 1.3300, podríamos ver a la tradicional moneda superando dicho nivel apenas termine la cumbre de la UE, e ir mucho más allá. Hay que esperar a May y sus muchachos.

El yen y el oro, a distintos turnos, aparecieron como refugio de inversores asustados. La moneda nipona creció hasta que se encontró con un 61.8% de Fibonacci que, después de más de 250 puntos de baja, suele ser infalible como rebote. Y no fue la excepción.

La onza reaccionó algo más tarde, pero superó 1220 dólares, con una fuerte ganancia en la semana, y saliendo de una dinámica totalmente lateral que consumió más de dos meses. Pero deberá pasar por la firme barrera de 1240 dólares para buscar nuevos objetivos alcistas.

Los datos de ventas minoristas de Estados Unidos, que se conocerán el lunes, son los más importantes de la semana que se inicia. El dólar no tiene por delante muchos obstáculos para crecer, salvo en algún cruce que amerite un movimiento en su contra, como ante la libra Esterlina, por los motivos mencionados.

A la vez, la bolsa parece entrar ya en una pausa, y los mercados comienzan a entrar en un cauce algo más normal. ¿Habrá pasado la tormenta? Todo indica que sí, aunque claramente, no serán los datos macro los que manejen el ánimo de los mercados en los próximos días, sino lo que suceda en las bolsas, con el Brexit y con los bonos.

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