Venezuela: Una moneda enredada en el caos

Cuando en 1999 se inició el ciclo político que aún gobierna Venezuela, era imposible pensar que el caos social y económico se apoderaría de un país cuyas reservas de petróleo probadas son las más grandes del mundo.

Pasados estos 20 años, Venezuela se encuentra sumida en una catástrofe de toda índole, que abarca desde lo social y cultural hasta lo económico y financiero.

Sin entrar en detalles políticos que no corresponden a esta columna, conviene revisar la situación de la moneda venezolana.

Tipos de cambio del bolívar venezolano

El bolívar soberano nació a mediados de 2018 como un manotazo de ahogado del Gobierno, en medio de una hiperinflación que, pese al cambio de moneda, se mantiene igual, y hasta ha empeorado en los últimos tiempos.

La quita de tres ceros a la moneda anterior parece haber sido solo un golpe de efecto, aunque este, como tal, no duró más que unos pocos días.

El desorden cambiario que reina en Venezuela se refleja en que hay diversos tipos de cambio del bolívar ante el dólar. Si bien hay uno, que podríamos considerar oficial, y que es avalado por el Banco Central de Venezuela, y que hoy equivale a unas 45 unidades por dólar, el que realmente se toma en cuenta es el tipo de cambio paralelo, que es el que efectivamente la gente puede adquirir, en los pocos casos que ello es posible.

El tipo de cambio implícito, tomado por el Banco de Venezuela, está calculado sobre la Liquidez Monetaria que la entidad publica, dividida por las reservas internacionales declaradas, las cuales por supuesto son inciertas. De allí surgen esos 45 bolívares por dólar.

El tipo de cambio paralelo, en tanto, es el que fija el mercado, y si bien ha crecido en forma exponencial en los últimos meses -lo hacía de manera peor aún antes del cambio de moneda-, se mantiene en el orden de los 2430 bolívares por dólar, tomando las operaciones del lunes 4 de febrero. Este valor, claro está, puede quedar antiguo apenas estas líneas sean publicadas.

Hay un tipo de cambio que está tomado sobre la base de las operaciones realizadas en la ciudad de Cúcuta, que es fronteriza con Venezuela, y se encuentra en Colombia. En dicha ciudad se ha formado una suerte de mercado único, en el cual el dólar tiene un valor distinto al que se maneja en la capital, Caracas, y que tiene, podríamos llamarlo “vida propia”.

Este tipo de cambio suele mostrar una mayor debilidad del bolívar, y allí se combinan operaciones oficiales con paralelas. También allí tiene un gran protagonismo el tipo de cambio entre el bolívar y el peso colombiano, que en las últimas semanas recuperó, ante el alza del petróleo, un 10% de su valor, llegando a los actuales 3085 pesos desde los 3303 que tocó en diciembre.

Decíamos antes que el mercado paralelo es accesible, pero en pocos casos. Y esto se debe a que el Banco Central ha dejado de emitir dinero, por lo que el circulante es muy escaso. Incluso, se llega a afirmar que ahora el problema no es tanto conseguir alimentos en Venezuela, sino tener dinero para pagarlos. El dinero en efectivo prácticamente ha desaparecido, y la única opción es pagar con tarjeta de débito, un instrumento al cual no todos acceden, dado que gran parte de la economía local no se encuentra bancarizada.

Petróleo

Por otro lado, la principal fuente de ingresos de Venezuela, el petróleo, está en jaque desde hace tiempo. El Gobierno de Estados Unidos ha comenzado a sancionar a Venezuela en el corazón de sus exportaciones, derivando los pagos del petróleo que importa a un gobierno provisional encabezado por el legislador Juan Guaidó.

De mantenerse esta situación, que el Gobierno de Nicolás Maduro intenta reflotar a como de lugar, la situación en Venezuela seguirá empeorando. En los últimos días, el Gobierno de Maduro vendió parte de sus existencias de oro a varios países del mundo árabe, buscando algún nivel de liquidez que le permita afrontar los pagos de las importaciones de productos básicos.

Es imposible, claro está, separar este caos económico de la situación política. El Gobierno de Maduro parece pender de un hilo, aún cuando cuenta con el apoyo de China y en menor medida de Rusia, países que ven en Venezuela una puerta de entrada que les permita tener mayor influencia en Sudamérica.

Pero resulta en los últimos días que dicho apoyo se va apagando, y que el petróleo, la materia prima que Venezuela envía a esos países a cambio de financiamiento, no parece ser suficiente para detener la opinión de gran parte del mundo, que desea un cambio de régimen.

Caos

De momento, no se puede esperar otra cosa que el caos actual, o aún peor. Y cuando haya un cambio, lo que vendrá es una lenta reconstrucción de un país que lo tiene todo, y al que parece no quedarle nada.

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