Una semana bien británica

Si algo queda claro al cabo de las últimas semanas, es que el dólar ha iniciado un nuevo ciclo alcista, cuyo alcance no está aún del todo claro.

Lo que sí es visible es que los mismos datos, cifras y rumores que a principio de año hacían trastabillar a la moneda estadounidense, son los que ahora justifican su alza. 

El cambio principal viene de la mano de los bonos del Tesoro, cuyos rendimientos, tanto en el corto como en el largo plazo, han tocado esta misma semana un record de varios años, impulsando al dólar en forma decisiva.

Las necesidades de financiamiento de deuda por parte de Estados Unidos han llevado a que los bonos crezcan de esta manera, absorbiendo una enorme masa de dólares, en su mayoría provenientes de economías emergentes.  Ello explica en gran parte las devaluaciones que se han visto durante este mes en gran parte de las economías latinoamericanas, y en otras de países en desarrollo.

También se ha atribuido este movimiento a la política impulsada por la Fed de elevar entre tres y cuatro veces los tipos de interés durante 2018.  Esta versión no tiene mayor asidero, dado que los anuncios ya habían sido hechos por la expresidente de la entidad, Janet Yellen a fines de 2017, antes de dejar su lugar a Jerome Powell.  De hecho, el primer incremento de tipos de este año tuvo lugar en marzo, y el dólar cayó en esa oportunidad, bajo el argumento de que en lugar de cuatro serían tres las alzas.  Las mismas tres que hoy justifican el rally del billete verde.

En este contexto, y ante la ausencia de disparadores que hagan reaccionar a los mercados a favor de los rivales del dólar, es que los pares principales han mostrado en la semana que termina una cierta estabilidad, con movimientos casi laterales en varios de ellos. 

Podríamos mencionar como excepción al yen, que ha caído de 111.00, aunque en su caso aplican conceptos distintos a los que explican los movimientos de las monedas europeas, y a los de las divisas vinculadas a las materias primas.

El euro, por caso, volvió a caer para tocar nuevos mínimos del año, a los que llega precisamente en el cierre de la semana.  La moneda única no encuentra motivos para cambiar la dinámica bajista que presenta en estos tiempos, en momentos en que la economía de Estados Unidos pasa por un gran momento, y lo que parecía una buena recuperación de la Eurozona se ha convertido en una nube de dudas e incertidumbre.  Hasta el BCE, que se mostraba dispuesto a terminar con los planes de estímulo este mismo año, debió volver sobre sus pasos. 

En el corto plazo, la moneda única tiene un soporte marcado en la zona de 1.1700, donde aparece un retroceso del 38.2% del rally que se extiende desde inicio de enero de 2017 (1.0340) hasta el máximo de 2018, en 1.2555.  Sin embargo, y dada la dinámica actual del par EUR/USD, este soporte aparece como vulnerable para la semana que se inicia.  La zona de 1.1500 comienza a aparecer en el horizonte de los operadores.

Hablábamos antes del yen.  La moneda nipona actúa normalmente como un refugio natural de los inversores cuando el clima se espesa.  Esta vez, si bien la tensión entre Estados Unidos e Irán se incrementa, solo el petróleo ha reaccionado, algo por demás esperado.  El yen, en cambio, ha sufrido los embates del dólar, superando el par USD/JPY la zona de 111.00, en cuya zona de influencia termina la semana. 

Los datos macro de Japón prácticamente no hacen mella en el yen, que tampoco encuentra argumentos para revertir su tendencia bajista.  Solo en el corto plazo, en el cual luce sobrevendido, podríamos esperar una corrección bajista del cruce, aunque la zona de 110.00 parece ser suficiente soporte para el inicio de la semana siguiente.

Pero la moneda que mayor protagonismo tendrá en los próximos días es la libra Esterlina.  Poco más de un mes atrás, el par GBP/USD tocó su máximo desde junio de 2016, al superar sin problemas 1.4300.  Desde allí, y por distintos motivos, ha perdido casi 900 puntos, por diversos motivos.

Entre ellos, además del alza natural del dólar, se encuentran una medición de la inflación menor a la esperada, que se aleja del 3%.  Aunque el costo de vida sigue muy por encima del objetivo del BoE, que es el 2%, la cifra no cayó bien en los mercados, y obligó a la entidad a dejar sin cambios los tipos de interés, en el 0.5%, cuando poco tiempo atrás se daba por descontado que en mayo habría un incremento de los mismos. Esta decisión terminó por hacer caer a la moneda británica con más fuerza, por lo que perdió la cota de 1.3500, con una perspectiva bajista de corto plazo, más allá de alguna corrección puntual.

Todo ello estará sobre la mesa la próxima semana.  El martes darán su testimonio ante el Parlamento el Gobernador del BoE, Mark Carney, y otras autoridades, hablando justamente de inflación, y del pronóstico de la misma para los siguientes meses.  Esta presentación suele tener un alto impacto sobre la libra Esterlina.

El miércoles 23 se conocerá justamente el índice de precios al consumidor en Reino Unido, con un pronóstico del 2.5% anual, cifra que no le haría un gran favor a la moneda británica.  En tanto, el jueves será el turno de la cifra de ventas minoristas, que en marzo cayeron fuerte.  Una recuperación en abril podría ser un freno cierto para la caída de la libra.  Finalmente, el viernes 25 publicará la segunda estimación del PBI de Reino Unido, aunque su efecto sobre los precios será menor.

Como se ve, habrá que prestar suma atención a estos datos, dado que pueden definir el destino de una moneda que inició el año con todo a favor, y ha encontrado en los últimos tiempos fuertes escollos, al margen de los que ya supone de por sí tener por delante al Brexit, cuyas consecuencias se verán mucho más adelante.

Completan un calendario de noticias interesante las minutas del FOMC, previstas para el miércoles, en las que se conocerá de primera mano la opinión de los miembros del mismo sobre los futuros pasos que dará la Fed en política monetaria.  Está claro que vienen aumentos de tasa de interés, y si esto quedó reflejado en las  minutas, el dólar tendrá un impulso adicional.

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