Un dólar dubitativo de cara a días importantes

Cuando todo se encaminaba a una clara victoria del dólar en todos los frentes para este mes de julio, apareció el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y puso en duda lo que parecía seguro.

No es preciso subestimar la supuesta torpeza del presidente.  Las cosas que dice, que parecen ser descuidos o falta de preparación, en verdad asemeja a un claro plan de comunicar las cosas en forma distinta a lo que habitualmente lo hace un funcionario de ese nivel.

Trump expresó el jueves una opinión que viene sosteniendo desde que asumió en enero de 2017, y luego de ver como la anterior presidente de la Fed, Janet Yellen, elevaba los tipos de interés en diciembre de 2016, es decir, luego de su triunfo, pero antes de su asunción, sin poder impedir nada de ello.

Rápido de reflejos, Trump nombró en su reemplazo a Jerome Powell, de quien además habló muy bien en la entrevista de esta semana.  Pero también se mostró contrariado por la política de la Fed de elevar los tipos de interés en forma reiterada, como lo viene haciendo, a medida que la inflación llega al objetivo del 2% anual, y con una tasa de desempleo en mínimos de 18 años.

Según Trump, Estados Unidos pierde competitividad con un dólar alto, pese a que, en los hechos, recién ahora viene tomando alguna ventaja en el año, luego de caer durante el primer trimestre en prácticamente todos los frentes.

Los comentarios de Trump, refrendados el viernes por el presidente de la Fed de St. Louis, James Bullard, detuvieron en forma violenta el alza del dólar, que había alcanzado máximos del año ante la libra Esterlina, del mes ante el euro, y de 7 meses ante el yen.  A su vez, la onza de oro apuntaba a caer de 1200 dólares, para recuperar más de 20 dólares en pocas horas.

¿Qué se puede esperar de este escenario para los próximos días?  La fortaleza del dólar comienza a estar en duda a partir de estas presentaciones, dado que si bien creemos que la Fed va a seguir con su plan de trabajo sin cambios, los aumentos de tipos que aún restan para este año podrían llegar dentro de varios meses, tal vez en noviembre y diciembre, por lo que se genera ahora un espacio de tiempo importante que las monedas rivales pueden aprovechar en buena forma, haciendo que sus respectivas bajas posteriores sean mucho menos importantes.

Por ejemplo, si el euro comenzara una ola alcista, y buscara la zona de 1.2000 o 1.2200 nuevamente, dos eventuales alzas de tipos de la Fed podrían llevarlo cerca de los mínimos del año, en la zona de 1.1500, pero no tan abajo como parecía a priori, cuando se veía apuntando a 1.1000 o más abajo.

Y el precisamente el euro la moneda que estará en el foco de atención de los inversores la semana próxima.  El Banco Central Europeo mantendrá su reunión de política monetaria, de la cual no se esperan cambios en los tipos de interés, aunque sí definiciones de cara al futuro por parte de su presidente, Mario Draghi, quien ofrecerá su habitual conferencia de prensa.

A falta de varios días para dicha presentación, todo indica que el euro va a tener un buen impulso a su favor, apuntando a 1.1830, o más arriba aún.  Pero claro, habrá que ver si Draghi sale de su discurso neutro, diríamos que aburrido, para darle motivos a los mercados para premiar a su moneda.

La guerra comercial también está en el foco de los inversores.  Y parte de la poca fuerza que el dólar ha exhibido en los primeros días de la semana podría también atribuirse a ello, dado que la propia Fed, como también el FMI, se mostraron con cierta preocupación por un crecimiento de la economía de Estados Unidos que podría sufrir las consecuencias del enfrentamiento.  Por ahora, nada de ello ha conmovido al gobierno estadounidense, que se empeña en aplicar sanciones y aranceles a sus socios comerciales tradicionales, y también a sus adversarios.  Por caso, en la misma entrevista en la que habló de los tipos de interés, Trump amenazó con imponer aranceles a más de 500 mil millones de dólares a las importaciones desde China.

La libra Esterlina también estará bajo la lupa.  Se acerca la fecha del Brexit, y se amplía la brecha entre quienes desean un divorcio duro,  y quienes, con mayor realismo, saben que Reino Unido tiene un peso específico mucho menor al que otros tiempos, y que la salida de la UE será desastrosa.  En esos vaivenes está la maltrecha libra, que llegó a un nuevo mínimo desde noviembre de 2017.  Es claro que cualquier señal de que el Brexit no será tal, o quedará reducido a una serie de trámites burocráticos con efectos más allá de 2020, será suficiente para que la libra supere sin problemas 1.3500.

Así las cosas, los próximos días serán más que importantes, esta vez no por datos macro, sino por las implicancias políticas de la guerra comercial, por el Brexit y por el BCE.  Un buen menú para seguir bien de cerca.

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