La Fed en el centro de todo

Estamos en la puerta de una semana clave. La Reserva Federal dará a conocer el miércoles 19 su cuarto anuncio de política monetaria del año, y los mercados descuentan que no habrá cambios en los tipos de interés. Este podría ser el titular, anticipado, de la noticia. Pero debajo de ese título aparece un comunicado que será el fondo del anuncio, y que desvela a los inversores.

Y es que es muy probable que el Sr. Powell, en su conferencia de prensa, termine por confirmar con sus habituales palabras super medidas y cautas, que en julio habrá un recorte de tipos de interés, los cuales, por ahora, permanecen en el 2.5%.

Los datos macro no justifican, al menos por ahora, una movida semejante. Los datos macro acompañan un proceso de crecimiento de la primera economía del mundo que, es verdad, muestra algunos signos de agotamiento, pero lejos de caer aún en una recesión, como la que se pronostica para 2020.

En forma preventiva, entonces, y tal como dijo Powell días atrás “para sostener la expansión”, el banco central podría echar mano a un recorte de tasa, que quedaría en poco más de un mes en el 2.25% en principio.

¿Cuáles serán entonces las consecuencias de un anuncio en el que no habrá novedades inmediatas, pero sí a futuro? La lógica indica que el dólar debería caer, y en buena forma, si los mercados presumen que existirá tal recorte en poco tiempo, descontando el mismo, y sin castigar a la moneda líder cuando efectivamente dicha medida tenga lugar.

El presidente Trump tendrá entonces algún motivo para festejar, y sobre todo para volver sobre sus pasos en sus intentos por derrocar a Powell, a quien él mismo eligió en sus primeros tiempos de mandato.

Pero así como el presidente quedará satisfecho, deberá preguntarse a que se debe tal medida. Y la respuesta viene del lado de la guerra comercial que su país sostiene con China, y por conflictos comerciales que desparrama por todo el mundo. En lugar de soldados, Trump manda aranceles. Algo menos dañino, sí, pero igual de complicado a la hora de evaluar las consecuencias económicas y políticas en los países involucrados.

Si bien dejó sin efecto los aranceles a México, postergó los que iba a imponer a Europa, protesta por un gasoducto que une a Alemania con Rusia, y elogia al Kim Jong Um como si fuera un héroe, insiste encarnizadamente en enfrentar a China cada día con mayor virulencia. Y China no es un rival más, ni débil.

Los mercados perciben esta situación y se preocupan. Así, llevaron al oro a máximos de 14 meses en minutos, y mantienen al yen en alerta, cerca de sus máximos de varios meses, como previendo que las horas que vienen no serán fáciles. Los índices bursátiles de Nueva York miraron en estos días para otro lado, ocupados en festejar el recorte de tasa de la Fed.

Los que deberán mirar atentamente lo que sucede son los británicos. El excanciller Boris Johnson se prepara para ser Primer Ministro, reemplazando a la ya renunciada Theresa May, que pasa sus últimos días en el cargo viendo como un personaje excéntrico, podríamos decir casi nefasto, llevará a Reino Unido al caos, tal vez amparado en un incierto y complejo acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, que nadie sabe cuando ni como tendrá lugar.

La libra Esterlina presenta una caída que está lejos de ser histórica -la de 1992 y la de 2016 fueron mucho peores-, pero igual de contundente. Y pese a los intentos de recuperación, los mismos se ahogan cuando el mercado ve que en poco más de 4 meses no entrará a Reino Unido un solo bien que no pase por controles aduaneros.

El euro tiene lo suyo. El escandaloso déficit fiscal de Italia, explicable solo con ver las ideas que aplican los populistas Di Maio y Salvini, socios y rivales, está dando un dolor de cabeza a la Unión Europea, que ya avisó que habrá sanciones si el rumbo no se revierte. La moneda única cae nuevamente, luego de algunos días de alzas poco previsibles, y sin noticias. Apenas apareció una con un impacto medio, como las ventas minoristas de mayo en Estados Unidos, el euro cedió.

Pero nada está definido. El euro, la libra, el yen, y en general todas las monedas tendrán el miércoles la oportunidad de reivindicarse. Si la Fed avisa que en julio el dólar estará más barato, este caerá sin remedio, provocando una apreciación de sus rivales. Claro que a sus bancos centrales, estas cosas tampoco les gusta, y habrá que ver la reacción del BCE, por ejemplo, cuando su moneda, el euro, pase por 1.1400. ¿Será que Mario Draghi, que termina en poco tiempo su mandato, también tiene un recorte de tasa bajo la manga?

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