Guerra comercial: conoce a tu enemigo

Este artículo ha sido escrito por Julien-Pierre Nouen, economista-jefe y responsable de gestión multi-activo de Lazard Frères Gestion

La retórica proteccionista de Donald Trump ha sido clave para su éxito en las elecciones presidenciales de 2016. Sin embargo, ha demostrado ser mucho más prudente en su primer año en la casa blanca, apaciguando así los temores de los inversores y analistas. Pero desde febrero de 2018, Donald Trump ha reconducido su postura. En la sombra del ruido y de la furia, los últimos acontecimientos parecen describir una estrategia tal vez más estructurada de lo que parece.

La pasada primavera, el gobierno estadounidense parecía embarcarse en una política ofensiva contra el mundo con conflictos con China, la Unión Europea, Japón y sus países vecinos Canadá y México. Durante el verano, sin embargo, la administración Trump ha logrado llegar a un acuerdo con la UE, México y recientemente Canadá. Por el contrario, las medidas anunciadas contra China se han formalizado y es muy probable que todas las exportaciones chinas a estados unidos sufran un incremento de aranceles en los próximos meses.

Sin entrar en detalles sobre los acuerdos, cabe destacar la posible reforma de la Organización Mundial del Comercio. Los ejes de esta reforma, como el endurecimiento de la lucha contra el robo de propiedad intelectual, ponen de manifiesto el claro objetivo de mejorar la eficiencia y eficacia de las funciones de supervisión y transparencia de la OMC en el caso chino. Esto nos hace creer que el escenario más probable para los próximos meses será el de una guerra comercial principalmente chino-estadounidense, y no global. Pero con Donald Trump, nunca se sabe, y la amenaza de un aumento de los aranceles a las importaciones de automóviles sigue sobrevolando.

En respuesta, China contraataca y anuncia subir los aranceles sobre una parte de las importaciones de Estados Unidos mientras propone bajar los aranceles a las importaciones del resto del mundo. En un momento crítico para China con una debilitada economía por las dificultades domésticas, una posible desaceleración de las exportaciones como resultado del aumento de los aranceles obliga a las autoridades chinas a activar nuevos estímulos para amortiguar la actividad.

Las últimas perspectivas del FMI de octubre de 2018 abordan ampliamente la cuestión del impacto económico de esta guerra comercial. En un escenario de toma y daca chino-estadounidense, donde Estados Unidos eleva los aranceles al 25% de todas las exportaciones chinas y China toma represalias, el impacto directo podría verse muy afectado para la economía china (1.1 punto del PIB en 2019) pero no tanto para los Estados Unidos (0.2 puntos del PIB). En general, lo único que podría provocar una fuerte desaceleración en el crecimiento global sería que la confianza de los mercados se debilite (-0.8 puntos del PIB contra -0.2 del impacto directo del conflicto chino-estadounidense).

Como con el caso italiano, esta situación favorece la incertidumbre general y su impacto en el mercado requiere una estricta vigilancia. Y más aún, con Donald Trump acusando ahora a China de interferir en las elecciones de Estados Unidos. La tensión política no parece aliviarse…