Europa define su destino, el euro tiembla

La semana entrante estará signada por dos circunstancias de extrema importancia: por un lado, la continuación de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la cual alcanzó un máximo de tensión a inicio de la semana que finaliza, y sobre la cual se espera al menos algún gesto de acercamiento. Por otro lado, entre jueves y domingo se celebrará la cumbre del Parlamento Europeo, y al cabo de una votación en la que todos los ciudadanos de la Comunidad podrán votar por las nuevas autoridades, el futuro del viejo continente y el del euro estarán bajo la lupa.

Respecto a la llamada guerra comercial, tanto Estados Unidos como China han dado demostraciones de fuerza que, lejos de calmar los ánimos, los crisparon. La imposición de aranceles a las importaciones, y las amenazas de nuevas sanciones se han cruzado entre Beijing y Washington, provocando un temblor en las bolsas de valores de todo el mundo, y haciendo que los inversores, a las corridas, se vuelquen a activos de refugio, como el yen y el oro.

La situación se calmó parcialmente el miércoles, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, postergó la implementación de aranceles a las importaciones de vehículos desde Europa, un gesto que, además de frenar por seis meses una nueva guerra comercial, pareció destinado también a mostrar que, llegado el caso, Estados Unidos también puede hacer concesiones en situaciones extremas. Europa, cabe acotar, ya había anunciado medidas de represalia si Trump imponía esos aranceles.

El mercado tomó de buena forma las novedades, revirtiendo los índices de Nueva York sus caídas de los primeros días de la semana. El viernes encuentra a los mismos con una cierta estabilidad, a mitad de camino entre una recuperación que los lleve de nuevo a máximos de mucho tiempo, y una baja que inicie un ciclo bajista de mediano plazo.

En cuanto a las elecciones del Parlamento Europeo, la situación es aún más compleja. Los postulantes a cargos máximos para el próximo quinquenio representan en buena parte de partidos con una orientación de extrema derecha, contraria a varios de los principios sobre los cuales se apoya la actual estructura europea. La ausencia de líderes de renombre que puedan lidiar con un Parlamento hostil se puede hacer sentir, y así lo manifestó la que podríamos decir es la única líder de peso específico en Europa, como lo es Angela Merkel. La mandataria alemana habló con decepción acerca de que varios de los acuerdos básicos que impulsaron a la Unión tal como existe hoy están siendo dejados de lado, como el libre comercio entre las naciones del bloque. El euro, la moneda creada a fines del siglo pasado y que coexiste en gran parte del continente, es parte de esos acuerdos.

La moneda única no es otra cosa que un proyecto político que hasta hace poco parecía tener su vida asegurada por décadas. Ahora, ante la proximidad de las elecciones parlamentarias, cabe preguntarse si dirigentes como Matteo Salvini, el vice Primer Ministro italiano con ideas por lo menos extravagantes, o ciertos postulantes franceses y alemanes, serán capaces de sostener al euro durante mucho tiempo.

El euro tiene tantas fortalezas como debilidades. Entre las primeras se encuentra el hecho de que entre las naciones europeas centrales, las que tienen el mayor peso en la Comunidad, no hay diferentes tipos de cambio, y la circulación de una moneda común sin dudas integra a un país con otro, además de facilitar la vida de la gente en general. Entre las mayores debilidades, se pueden destacar dos: una es que aunque la moneda sea la misma, hay diferencias culturales y sociales entre el norte y el sur del continente, lo cual torna inviable unificar criterios fiscales por ejemplo; la otra es que la aparición de líderes populistas despierta la tentación de dejar de lado al euro para volver a su antigua moneda, y así actuar a su propio parecer.

Claramente, el euro no sufrirá mayores consecuencias en los próximos días, y se moverá al compás de las noticias del momento, como hasta ahora. Pero, a futuro, las elecciones que tendrán lugar sobre el final de la semana próxima son cruciales para el futuro de la divisa única.

La estricta actualidad encuentra al euro débil, cerca de sus mínimos anuales, y con una tendencia bajista que lo puede llevar a 1.1000 sin problemas. El dólar se fortaleció desde mediados de semana, y salvo alguna corrección puntual, podría seguir al alza durante varios días, aún cuando no se esperan datos relevantes desde Estados Unidos.

Respecto a la libra esterlina, el proceso ya triste del Brexit no tiene fin. La líder británica Theresa May tiene los días contados en su cargo, y se descuenta que se irá a su casa apenas el Parlamento local rechace por cuarta vez su propuesta de salida de Unión Europea con un cierto nivel de civilidad.

Tanto May como Corbyn, el líder laborista más encumbrado y con ideas también extremas, dan muestras de sistemática impericia, y de una falta de liderazgo notable. Entonces, un proceso en el cual la política británica iba a dar muestras de su calidad institucional, y de una autodeterminación poco justificable para el resto del mundo pero evidentemente sí desde su propio punto de vista, termina siendo un papelón global, con pedidos de postergación, acusaciones y ningún tipo de solución sustentable.

La moneda británica es un claro espejo de la actualidad política local. La tendencia bajista que impera en sus pares solo podría ser revertida con gestos que no llegarán, y solo una eventual caída del dólar, que por ahora tampoco se avizora, podría darle aire a la libra.

Por su parte, el yen ha vuelto a ser la reserva de confianza de los mercados, y tocó un máximo de tres meses en 108.97. Pese a varios intentos, el dólar no logró revertir su caída ante la moneda nipona, aunque la superación de 110.30 sí podría ser el impulsor del alza de la moneda estadounidense, en uno de los pocos frentes en los que no pudo hacer pie en la semana que termina.

De este modo ingresamos en una semana en la que el calendario de noticias no será el más nutrido en lo que a datos macro se refiere, pero que sí tendrá en Washington, Beijing y toda Europa su centro principal de atención. 

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