Entre guerras comerciales y bancos centrales

Es evidente, cada vez más, que el eje sobre el cual se mueven los mercados financieros en estos tiempos ha dejado de ser las cifras macroeconómicas que años atrás provocaban impactos fuertes en los precios de los activos principales.

Estas cifras, que eran objetivas, exactas, no daban lugar a dudas:  cuando un informe brindaba datos mejores de lo esperado, la moneda del país en cuestión se apreciaba, en mayor o menor medida, tomando en cuenta la magnitud del dato a seguir.

Ya desde varios años a esta parte, las cuestiones políticas, las declaraciones, las versiones y a menudo las desmentidas son las que generan que los mercados premien o castiguen a un activo, y esto se pone de manifiesto sobre todo con las divisas principales.

Ejemplos acerca de ello sobran, pero en la semana que termina han abundado. Una vez más, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estuvo en el centro del escenario, fogoneando primero, tratando de calmar luego, y atacando otra vez, su posición sobre la llamada guerra comercial, que ahora se centra sobre todo con China.

Luego de que el miércoles se dijera que era posible una negociación, el jueves, el propio Trump declaró que no hay ningún apuro en acodar con China. Por su parte, los asiáticos pidieron permiso a la OMC para aplicar sanciones a Estados Unidos, sin más trámite.

El dólar, y por consiguiente todos los activos, se han movido en una y otra dirección sin cesar. Las materias primas, que venían deprimidas por el perjuicio que podrían sufrir por una potencial crisis en China, se recuperaron velozmente, para caer de nuevo una vez conocidas las declaraciones de Trump. Pero nada de esto parece preocuparle al Presidente.

El dólar termina una semana que lo había visto como claro ganador al principio, con una sensación de que, si no es un fin de ciclo, al menos se encuentra en una corrección por demás importante.  Los datos de inflación y ventas minoristas, ambos decepcionantes, no fueron motivo para tal caída, dado que la Fed tiene decidido elevar sus tipos de interés dos veces en el año, la primera de ellas a fin de mes.

Tal vez allí radique la clave de la semana próxima. Con un nuevo aumento de tasa, los diferenciales entre el dólar y el resto de las monedas se seguirán ampliando, al tiempo que la primera economía del mundo pasa por sus mejores momentos en más de 15 años. Con tal panorama, solo queda esperar que el billete vuelva a recuperarse, y cabe pensar entonces que la corrección antes mencionada puede estirarse un poco más, pero no lo suficiente para cambiar la tendencia alcista de largo plazo que ofrece en los pares principales.

Como toda semana previa a una reunión de la Fed, no hay mucho por esperar en cuanto a movimientos relevantes. Solo las apariciones de Trump, y algún otro cortocircuito en el Brexit podría ser los principales atractivos. La reunión de política monetaria del Banco de Japón hasta podría pasar desapercibida en estas circunstancias, dado que el yen ha vuelto a tomar su papel de moneda de refugio, y hoy los inversores se han volcado al riesgo.

Tanto, que hasta los índices de la Bolsa de Nueva York comienzan a desafiar sus máximos históricos.

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