Inicio de un mes decisivo para el dólar

Cuando parecía que agosto era EL mes en el que el dólar se impondría por el resto del año ante las monedas principales, apareció Donald Trump, y frenó el ímpetu verde.

El Presidente de Estados Unidos no ha quedado al margen de los comentarios sobre los mercados prácticamente ningún día de este año.  Si no fue por la guerra comercial, fue por las amenazas mutuas con su colega de Corea del Norte, o por las discusiones por el NAFTA aún vigentes, su ataque verbal contra Turquía, o los insultos que en sus propias caras les propinó a sus aliados de la OTAN.  Todo ello, en forma directa o indirecta, hizo que los tipos de cambio principales oscilaran con más fuerza de lo normal.

Pero con la precisión de un cirujano, cuando el euro y la libra se desbarrancaban hasta niveles de más de un año, el Señor Trump hizo de las suyas.  En una actitud insólita, criticó abiertamente a Jerome Powell, Presidente de la Fed, a los miembros del FOMC y sobre todo, a su política económica.  Trump hizo hincapié en que un dólar barato le hace perder competitividad a la economía estadounidense, en momentos en que su gobierno negocia febrilmente con el resto del mundo por cuestiones comerciales.

Ello explica, en parte -siempre hay más de una razón y cada uno tiene la suya-, la caída, moderada por cierto, del dólar en varios frentes sobre el final de agosto.  La vela mensual, con el euro a 1.1630, es un doji que muestra por lo menos una indecisión de quienes apostaban por un colapso de la moneda única.

La vela de la libra Esterlina en su cruce con el dólar es bajista, sí, pero cierra lejos de 1.2665, el mínimo del año para la moneda británica.  La salida de Reino Unido de la Unión Europea, prevista para fines de marzo de 2019, encuentra a los negociadores de ambas partes buscando un acuerdo al menos digno, tratándose de un divorcio que nadie quiere, pero que fue votado por el pueblo británico.  Si el acuerdo del cual se habló en estos días se firma en noviembre, allí podría residir una recuperación de la libra.  De lo contrario, la zona de 1.25 aparecerá rápido en el horizonte.

Si la libra no la tiene fácil, menos aún la tiene el dólar canadiense.  Con cierta lógica, en Canadá se entendió que si había un acuerdo entre Estados Unidos y México (algo leonino, claro), a sus vecinos del norte les tocaría igual suerte.  El Loonie reaccionó al alza, pero rápidamente volvió sobre sus pasos cuando cierra la semana, a pocas horas del horario límite que le puso Trump a Canadá para firmar el acuerdo.

El yen, por su parte, se movió sin pena ni gloria en un estrecho rango de precios, sin motivos para disparar una tendencia.  Cierta aversión al riesgo desde el jueves lo ha hecho crecer unos cuantos puntos, pero nada trascendente.

La primera semana de septiembre tendrá como atractivo principal el dato de empleos de Estados Unidos, previsto para el viernes.  Se trata de un conjunto de cifras que podrían darle algún impulso al dólar, pero aún queda mucha tela para cortar antes de ello.

Por caso, las reuniones de política monetaria del Banco de la Reserva de Australia y del Banco de Canadá tendrán también lugar en los primeros días de la semana, y allí puede estar la clave para ver los destinos próximos del Aussie y el Loonie, ambas vinculadas a su vez a materias primas como el petróleo y el oro.

Será una semana con una intensidad moderada en cuanto a los cambios de precios, en parte porque los datos a conocerse así lo ameritan, y en parte porque se acerca la hora de la Fed, que marcará el rumbo del dólar para el resto del año.  Habrá tiempo para analizarlo.

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