Navegando un régimen de mercado impulsado por la energía
|En este entorno, no todas las regiones reaccionarán de la misma manera. Aquellas vinculadas a las importaciones de energía enfrentan presión, mientras que los exportadores, y en general, los mercados vinculados a las materias primas comienzan a comportarse de manera diferente.
América Latina: De alta beta a palanca macroeconómica
América Latina se ha caracterizado históricamente por ser un segmento de alta beta dentro de la renta variable global. Sin embargo, en lo que va de 2026, su comportamiento ha sido diferente.
Mientras que la renta variable global fluctúa debido a la geopolítica y la incertidumbre sobre las tasas de interés, Latinoamérica lidera discretamente los mercados emergentes, con un aumento de alrededor del 7% en lo que va del año, respaldada por la exposición a las materias primas, la mejora de la dinámica política y valoraciones aún atractivas.
Este cambio no es casual. El entorno macroeconómico actual está cada vez más influenciado por la dinámica energética y las perturbaciones de la oferta, y Latinoamérica se encuentra estructuralmente posicionada dentro de esta tendencia. La oportunidad reside en la intersección de una perturbación macroeconómica a corto plazo y un cambio estructural a largo plazo hacia los activos reales.
Valoraciones: Un contexto favorable
Desde la perspectiva de las valoraciones, la región sigue siendo favorable.
Los mercados latinoamericanos han experimentado una caída en las últimas semanas, y la mayoría de los países cotizan ahora por debajo de sus múltiplos promedio a largo plazo, mientras que las expectativas de ganancias se han mantenido relativamente estables.
En nuestra opinión, esto crea un escenario más equilibrado, donde:
- Los precios se han ajustado
- Las ganancias no se han deteriorado significativamente
Conclusión para la inversión: Esta combinación proporciona cierto grado de respaldo a las valoraciones, particularmente en comparación con los mercados de renta variable globales más saturados.
Los activos reales vuelven a ser el centro de atención
La exposición a los activos reales es fundamental para el éxito de Latinoamérica.
La región es un proveedor clave de:
- Energía (con una participación significativa en las reservas y exportaciones mundiales)
- Metales industriales como el cobre (Chile, Perú)
- Materiales estratégicos como el litio y las tierras raras (Chile, Argentina, Brasil)
- Productos agrícolas
En un mercado marcado por las limitaciones de la oferta y la fragmentación geopolítica, estas exposiciones han recuperado relevancia. Es importante destacar que los índices latinoamericanos no son neutrales: la energía por sí sola representa una participación significativa (alrededor del 9%) del índice de referencia, lo que permite a la región traducir la fortaleza de las materias primas directamente en el rendimiento de las acciones.
Conclusión para la inversión: Para los inversores minoristas, esto se observa tanto en índices como en instrumentos financieros. Índices de referencia como el MSCI Latam e índices de países como el Bovespa de Brasil o el IPC de México reflejan esta orientación hacia las materias primas. Se puede acceder a este mercado a través de ETFs como iShares MSCI Brazil ($EWZ) e iShares Latin America 40 ($ILF), o mediante acciones individuales vinculadas al ciclo económico.
Entre ellas, las grandes empresas como Petrobras, Vale y Gerdau abarcan los sectores de energía y materiales, mientras que compañías como Cemex ofrecen apalancamiento en infraestructura y construcción. Al mismo tiempo, empresas más vinculadas al mercado interno o de carácter cíclico, como Embraer, Localiza y LATAM Airlines, reflejan la recuperación y el crecimiento.
Brasil como pilar de la cartera
Dentro de Latinoamérica, Brasil destaca por:
- Apalancamiento directo en materias primas
- Un banco central en transición hacia una política monetaria expansiva
- La continua participación de inversores extranjeros
Esta alineación entre los factores externos favorables (materias primas) y la política interna (recortes de tasas) es relativamente poco común en los mercados emergentes.
Los flujos de inversión se han mantenido relativamente estables, especialmente en Brasil, lo que sugiere que el posicionamiento se está consolidando, pero aún no se ha alcanzado el límite máximo.
Brasil también representa una amplia gama de oportunidades a nivel bursátil. La reciente volatilidad del mercado ha provocado retrocesos en varias empresas, como Embraer, JBS, Santander Brasil y XP, que abarcan los sectores industrial, de consumo, salud y financiero.
Para los inversores, Brasil suele convertirse en la principal asignación, a la que se accede mediante ETFs o una exposición diversificada a estas empresas de gran y mediana capitalización.
Comprendiendo el riesgo
Latinoamérica sigue siendo una asignación cíclica, con dos sensibilidades clave:
- Un dólar estadounidense más fuerte
- Un deterioro en el sentimiento de riesgo global
Históricamente, la región tiene un rendimiento inferior durante los períodos de fortaleza del USD, incluso si la dinámica de las materias primas se mantiene favorable. Un fuerte retroceso en los precios del petróleo o un repunte sostenido del USD probablemente debilitarían el atractivo relativo de la región.
Desde la perspectiva de la cartera, esto introduce una dimensión cambiaria en la operación. Algunos inversores pueden optar por no cubrir el riesgo cambiario para aprovechar el potencial alcista de las divisas vinculadas a las materias primas, mientras que otros pueden cubrir parcialmente el riesgo cambiario para aislar el componente de renta variable y reducir la volatilidad.
Conclusiones para los inversores
Para los inversores, Latinoamérica se entiende mejor como una asignación selectiva dentro de una cartera más amplia, en lugar de una inversión aislada.
Puede desempeñar múltiples funciones:
- Diversificación para reducir la exposición excesiva a la renta variable estadounidense.
- Un activo vinculado a las materias primas en un entorno macroeconómico impulsado por la oferta.
- Un punto de entrada diferenciado a los mercados emergentes, con factores clave.
- La implementación puede variar, desde ETFs generales y acciones de gran capitalización hasta exposiciones más temáticas.
Predomina el posicionamiento defensivo, pero la estructura avanza
El mercado de criptomonedas se encuentra en una fase de transición donde el sentimiento débil contrasta con un contexto estructural que se fortalece.
El posicionamiento es claramente defensivo. El indicador Miedo y Codicia se sitúa en 27 (miedo), la capitalización total del mercado ha retrocedido hasta aproximadamente 2.44 billones de dólares y los volúmenes se mantienen moderados, lo que sugiere que aún no hay compras agresivas en las caídas. El dominio del Bitcoin ha aumentado hasta aproximadamente el 56.3%, lo que refuerza la idea de que el capital se está rotando hacia activos seguros mientras que las altcoins tienen un rendimiento inferior.
Los flujos de ETFs también son reveladores: los flujos semanales se han mantenido prácticamente estables, lo que apunta a una pausa en el impulso institucional en lugar de una acumulación activa. Esto, sumado a la aversión al riesgo de los inversores minoristas, explica la falta de continuidad alcista.
Sin embargo, en el plano estructural, la situación avanza. La Ley de Claridad se encamina hacia un posible acuerdo en EE.UU., con apoyo bipartidista y negociaciones activas entre bancos y empresas de criptomonedas, especialmente en torno al rendimiento de las stablecoins.
Las stablecoins se encuentran en el centro de este cambio. Su creciente protagonismo, sobre todo en Ethereum, pone de manifiesto dónde se está produciendo la adopción real. El capital está empezando a diferenciar entre los activos con utilidad real y aquellos impulsados únicamente por la narrativa.
La tesis a largo plazo se mantiene intacta: integración en el sistema financiero, expansión de las stablecoins y creciente participación institucional. El mercado aún no refleja completamente esta situación.
Técnicamente, la configuración es menos rígida, pero sigue siendo ordenada. Una caída de 70.000 dólares en BTC abre la puerta a un movimiento hacia los 65.000 dólares, con 55.000 dólares como nivel estructural clave por debajo. Ethereum necesita mantenerse por encima de los 2.000 dólares. Estas son zonas de referencia que determinarán si se trata de una corrección controlada o si evoluciona hacia un movimiento más profundo.
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