El mito del "efecto septiembre" en el Oro
|Hace unos días hablaba con alguien cercano sobre el mal momento que atraviesa el oro y me soltó la frase de siempre: "es que septiembre es un mes malo para el oro, eso lo sabe todo el mundo." Lo dijo con la seguridad de quien repite algo que ha escuchado mil veces sin haberlo comprobado nunca. Y ahí me quedé pensando, porque esa certeza popular es exactamente el tipo de cosa que vale la pena desarmar con datos en lugar de con intuición.
La verdad es más matizada, y también más interesante. Entre 1970 y el año 2000, septiembre fue de hecho un mes fuerte para el oro, todo lo contrario de lo que hoy se da por sentado. El patrón cambió después: desde comienzos de siglo, ese comportamiento estacional favorable empezó a desplazarse hacia agosto, que en las últimas dos décadas se ha ido ganando el papel de mes bueno para el metal. Septiembre, mientras tanto, dejó de tener una identidad estacional propia y pasó a depender casi por completo de variables más terrenales: el dólar, los rendimientos de los bonos, el tono de la Fed y cómo está posicionado el mercado antes de entrar al mes.
Esa dependencia explica por qué el año pasado y este año son casi espejos invertidos. En 2025 septiembre fue extraordinariamente alcista, con una subida cercana al 12%, un mes que quedará en los libros. Este año, en cambio, septiembre está siendo bajista, y no por casualidad ni por calendario, sino por una combinación muy concreta de petróleo al alza, rendimientos elevados, un dólar que gana terreno y expectativas de que la Fed vuelva a subir tasas en octubre. Dos septiembres, resultados opuestos, misma explicación de fondo: no fue el mes, fueron las condiciones.
Ahí está la lección que casi nadie repite cuando invoca el "efecto septiembre": la estacionalidad describe un promedio histórico, no una fuerza que empuje el precio cada año. Es fácil mirar hacia atrás y ver un patrón; es mucho más difícil operar hoy basándose en ese patrón, porque el promedio esconde años completamente distintos entre sí. Cuando alguien te diga que septiembre es malo para el oro porque "así ha sido siempre," conviene preguntar: ¿siempre según qué período, y en qué contexto macro?
Lo que sí es real es el cambio estructural que ha vivido esta estacionalidad en 25 años, un desplazamiento que probablemente tiene que ver con cómo se ha movido la demanda física, los flujos de bancos centrales y el peso creciente de los ETFs en el mercado del oro. Pero eso es una tendencia de fondo, no una señal de trading para el mes que viene.
Mi conclusión, después de escuchar esa frase hecha y contrastarla con los números: el efecto septiembre en el oro existe como fenómeno estadístico, pero ha mutado tanto que usarlo como brújula hoy es casi un acto de fe más que de análisis. Lo que realmente mueve al oro este mes tiene nombre y apellido, y ninguno de los dos es "septiembre."
Buena operativa.
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