• EEUU y sus socios comerciales tienen interés por mantener ciertos “equilibrios delicados”
  • Las correcciones de las bolsas bajo la excusa comercial pueden generar oportunidades de corto plazo
  • La Reserva Federal sigue ganando margen para el futuro 
  • El BCE seguirá siendo muy generoso este año, aunque en junio anuncie el final de las compras netas de activos a finales de 2018
El ruido político generado desde EEUU, desde las fricciones comerciales a las suspicacias hacia determinadas empresas auspiciadas por Trump, podría mantenerse como una de las grandes cuestiones a tener en cuenta en los próximos meses, junto con el previsible anuncio por parte del BCE del final de sus compras netas de activos durante el cuarto trimestre de 2018.

En el plano político, el enfrentamiento entre Trump y sus socios comerciales, especialmente China, ha servido de excusa para destapar algunas inquietudes de fondo en los mercados, aunque existe interés por las distintas partes por mantener ciertos “equilibrios delicados”.

A diferencia del pasado, la estrategia negociadora de EEUU ha virado hacia un enfoque sustentado en las presiones para lograr cesiones, alejándose del modelo previo basado en el ofrecimiento de contrapartidas. Este hecho genera mayor ruido y, por lo tanto, más inquietud, pero no debe hacernos olvidar que el avance de los intercambios comerciales ha sido, en términos generales, beneficioso. Una cuestión que, aunque no se reconozca, tienen presente los negociadores estadounidenses y de países como China. De forma que, a pesar de la actual inquietud vinculada al comercio, el escenario más probable sigue siendo acorde con un acercamiento de posturas que acabe generando noticias positivas en un futuro próximo en el ámbito comercial.

Junto al comercio, los próximos pasos de los bancos centrales seguirán centrando la atención de los inversores. En EEUU, probablemente, asistiremos a un repunte de cierta relevancia de la inflación durante la primavera que consideramos pasajero, como también parecía descontar Powell en su primera rueda prensa al mando de la Fed. En el último tercio de marzo, el presidente de la Reserva Federal se comprometía a evitar desviaciones “persistentes” de la inflación, mientras adelantaba su avance en los próximos meses y la posibilidad de asistir a tasas superiores al 2%. Luego, podemos apuntar que Powell se adelantaba a lo que puede suceder con el fin de generar confianza en la progresividad de la estrategia de salida.

De hecho, la Fed continuará avanzando de forma prudente hacia una menor generosidad; circunstancia que será, en sí, positiva, aunque en los mercados pueda causar cierto ruido. En primer lugar, porque vendría a ratificar que la economía estadounidense se encuentra en un momento en el que han dejado de ser necesarios los estímulos monetarios. En segundo, la Reserva Federal sigue ganando margen para poder afrontar la próxima recesión, episodio que indudablemente llegará, aunque nos encontremos ante una de las fases expansivas más largas de la historia. Además, debe recalcarse la idea de que el organismo llevará a cabo una estrategia de salida progresiva, tanto en lo referente a su balance, como a los tipos. Por ejemplo, de acuerdo con las últimas previsiones de la propia Fed, sus tipos no serían ligeramente restrictivos hasta 2020.

En clave europea, la progresividad del BCE será todavía mayor y el previsible anuncio en junio del final de sus compras netas de activos durante el cuarto trimestre de 2018, no evitará que su política monetaria siga siendo muy generosa en relación al buen momento actual de la economía de la zona euro. Un buen momento respecto al cual generarán ciertas dudas los datos peores de lo esperado como consecuencia de la meteorología y las huelgas en algunos países clave de la zona euro, lo cual será un hecho pasajero. Así, de nuevo, la idea importante es que las acciones de los grandes bancos centrales vendrán a ratificar el positivo avance hacia un escenario de normalización.

De forma que quizás en el segundo trimestre de 2018 el gran punto a seguir y el mayor riesgo para el mercado sea su propio comportamiento, que puede degenerar en episodios de inestabilidad. Las valoraciones en el campo tecnológico se conjugan con un momento en el que el S&P500 se encuentra próximo a su promedio de 200 sesiones, referencia que, de romperse con solidez, podría generar un episodio de caídas que sería el gran protagonista del presente trimestre. No obstante, de llegar a tomar forma, asistiríamos a oportunidades de inversión a corto plazo al no estar acompañada la caída de las bolsas por un deterioro del escenario macro.